sábado, 16 de mayo de 2009

Los esclavos 46

El padre de Juan, Ahmed Meddahi, mantenía a su familia mal que bien con las ganancias de un pequeño taller de artesanía del metal en un tranquilo arrabal de Argel; fue testigo en 1516 de la llamada de auxilio de los argelinos a uno de los hermanos Barbarroja, Arudj, para salvar al Islam de las garras de los españoles, y vivió el acontecimiento de la muerte de este intrépido corsario en el sitio de Tremecén dos años después. Conoció el cambio de moneda, ahora con la imagen del sultán otomano Selim I (padre de Soliman I el Magnífico). Cuando el 27 de mayo de 1529 el otro hermano Barbarroja, el no menos valiente Khayr Din*, tomó el Peñón de Argel, un fuerte español erigido a 300 metros de la playa, —en el verano de este año ayudó a la revuelta de los moriscos en territorio hispano—, el padre de Juan tenía que alimentar ya a tres hijos, dos niñitas bellísimas y nuestro futuro esclavo de Castilleja. Para desgracia del modesto artesano, en la formidable confusión que produjo la, por otra parte, fallida expedición de Carlos V a Argelia en 1541, un oficial de Andrea Doria tuvo, en la desbandada general de los españoles, la suficiente sangre fría como para hacerse con varias aterrorizadas familias de argelinos, a las que, cargadas de cadenas, embarcó y trasladó a España. Entre ellas estaba la de Ahmed Meddahi, mas la madre había quedado en Berbería y nunca más supieron de ella. Una vez en la península fue su joven hijo separado sin piedad de ellos y vendido en la calle de las Gradas de Sevilla. Cuando Bartolomé Perez lo tuvo en su poder, ya en su casa de la Plaza castillejana, mandó marcarle en la frente con un hierro al rojo vivo tres cruces sobre una línea horizontal que chamuscó las cejas del lloroso muchacho, en recuerdo del relato bíblico de las crucifixiones del monte Calvario. Desde entonces fue nombrado Juan, en recuerdo de un hijo de Bartolomé fallecido prematuramente en una devastadora epidemia de peste.
Superó el magrebí todos los avatares y contratiempos y fue, aparentando resignación y cumpliendo con fidelidad y tesón sus obligaciones, ganando confianza como se ganan escalones en el ascenso a la torre de una posición más desahogada, más humana y llevadera. Tampoco estaba solo. La población morisca, abundante en Sevilla y con especial presencia en los territorios bajo la administración de un señor como era el caso de Castilleja**, le sirvió de vital apoyo.
Por la calle abajo dejamos a Juan; lleva la espada desnuda bajo el brazo, sujetándola con una mano como sujeta un mariscal el bastón de mando, y con la otra tira del asno; sigue a hombre y bestia un tropel de gente expectante y silenciosa, formada por curiosos anhelantes por contemplar el cada vez menos frecuente espectáculo de un duelo a espada, turba sedienta de sangre, hambrienta de dolor ajeno, deseosa de participar en la emoción morbosa que la contemplación de la violencia produce en las almas de los seres inferiores, en sus propias almas miserables. El día muere, rojo por occidente, como anticipando en el puro reflejo en los cielos del atardecer un espectáculo de sangre que se presenta inminente, que ya se huele y palpa en el aire quieto y tenso.

* Un hijo de Khayr Din, Hassan Pachá, heredero del poder de su padre en el territorio argelino, fue amo y señor de cierto relevante madrileño, Miguel de Cervantes Saavedra, cuando entre 1575 y 1580 el que luego sería autor de El Quijote estuvo preso en la capital de dicho territorio y cuna de nuestro decidido y dispuesto a llegar a Sevilla a toda costa, el joven esclavo Juan.

** Los dueños de Señoríos y aristócratas en general se caracterizaban por su liberalidad frente al Estado o a la Iglesia en lo referente al espinoso asunto de las minorías hispanas. Judeoconversos y moriscos, importantes fuerzas productivas en todo caso, encontraban en estas especies de Cortes paralelas puerto seguro ante los intermitentes acosos a que se les sometía bajo las instancias de Religión y Monarquía. Y Castilleja de la Cuesta, entre dichos refugios, gozaba de una situación geografico-política de primer orden. Ya nos hemos referidos a dos familias afincadas en esta población y con antecedentes judíos: los Alfaro y los Franco.

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