Hacían pocos meses que Hernán Nuñez, el dueño y señor de Juan el argelino, hubo llevado a cabo ventajosamente un negocio que le proporcionó, a él y a su hermano Bartolomé Perez, la duplicación de su vivienda original en la Plaza, por medio de la adquisición a Leonor Márquez, viuda de Niño de Torres, y a sus hijos Diego y Elena de Torres, del inmueble vecino, del que todo parece indicar que encontrábase cabalgando en alguna de las entradas sobre las que, con posterioridad, se construirían los airosos arcos que tanto caracterizaron y caracterizan a la Villa. Tras la compra, por tanto, la casa ya ampliada tenía parte en la Plaza propiamente dicha (donde Juan cargó el burro con el cuarto de carne) y parte hacia alguna de las calles que a ella confluían, calles —o simples caminos— por otra parte sin denominación oficial en aquellos tiempos, en los que documentalmente se referían a ellas con un simple "la calle" o "la calle de este pueblo". Por cuya causa nos es imposible a estas alturas de la investigación determinar el lugar exacto de la vivienda del esclavo protagonista de nuestra narración.
El viernes 10 de enero de 1550 a las diez de la mañana tuvo lugar la ceremonia de posesión de la nueva adquisición por Hernán Núñez, por sí y en nombre de su hermano Bartolomé, ante el escribano Juan Vizcaíno y ciertos testigos. Descrita como constituída de palacio, portal, corral con árboles frutales y pozo, no era una gran mansión, antes al contrario, una casa de tipo medio. Sus linderos eran la propia casa de Bartolomé y Hernán según queda dicho, y por la otra parte la casa de morada del Jurado Juan Rodriguez, "y por delante la calle". Su precio, 85.000 maravedíes, o lo que es lo mismo, 238 ducados de oro. La venta se había formalizado en escritura el año anterior, 1549, en sábado 13 de abril, ante el escribano público de Sevilla Alonso de Cazalla*, y en dicha compra se incluían 3 aranzadas de viña, pies de aceitunos e higueral en el Pago de La Pajarilla, en término de Castilleja de la Cuesta, asimismo propiedad de la viuda Leonor y de sus dos hijos, tierras que tenían por linderos unas viñas de, extraña coincidencia, otros dos vecinos de la Plaza, nuestro conocido Diego Ortiz de Juan Guren (abuelo del señoritingo encarcelado), y de un escribano público de Sevilla, hombre ya mayor y de vida discreta y oscura, llamado Pedro de Castellanos.
* Alonso de Cazalla estaba emparentado con el futuro cura de Castilleja don Rodrigo de Cieza (ver "Rodrigo de Cieza 12").
Por otra parte el padre de dicho señoritingo (e hijo por tanto del mencionado placeño Diego Ortiz de Juan Guren), Pedro Ortiz, también se afanaba por estos días en actividades remuneradoras, no exentas de riesgos a juzgar por la siguiente dejación de pleito:
"En la Villa de Castilleja de la Cuesta en miércoles veinte y tres de abril de mil quinientos y cincuenta. Pedro Ortiz, vecino de Sevilla en la collación de Santa María, y Alonso Martin, vecino de Salteras1, habiendo hecho cierta compañía en la que dicho Pedro Ortiz ponga los maravedíes que fuesen menester para comprar ganado y dicho Alonso Martin ponga su persona e industria, y anduviesen los dos por los lugares que quisiesen, y de las ganancias se llevasen dicho Alonso Martin la tercia parte, y dado que compraron vendieron cierta cantidad de reses vacunas y sobre la ganancia que hubo dicho Alonso Martin tiene puesta demanda ante la Real Chancillería de Granada, ahora, por bien de paz y concordia, dan poder a Luis Ortiz2 y a Lorenzo Sanchez para que vean las cuentas en tres días y determinen como les pareciere como árbitros. Fueron testigos Juan Verde e Íñigo Ortiz2."
1.- El obligado de las carnicerías del Concejo (carnicero jefe), Juan Gonzalez Vohón, también era vecino de Salteras.
2.- Íñigo y Luis eran hermanos de este "socio capitalista" en embrión, Pedro Ortiz; de segundo apellido Juan Guren y tíos del reo espadachín.
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