viernes, 1 de mayo de 2009

Los esclavos 41u

Rodrigo Franco, victorioso de la ensalada de palos, pudo pasear por el pueblo el resto de sus días con la mirada desafiante y el pecho abombado tras el dictamen de la Condesa.
El lunes 3 de noviembre de 1558 (Bautismos 5) actuó de padrino en el bautizo —a manos de Rodrigo de Cieza— de Francisca, hija de Simón Garcia y de su mujer (no consta el nombre), junto a un su sobrino (sin que conste el nombre tampoco), al cual sobrino imaginamos hijo de su hermano Antón Lopez, y junto a otro padrino, hacendado de Castilleja llamado Antonio de Gibraleón y muy allegado a la familia de los Franco.
Y el domingo 1 de agosto de 1568 (Bautismos 15) el dicho Simón Garcia y su capataz fueron padrinos en el bautizo de Diego, administrando el agua el clérigo Luis de Figueroa; el recién nacido Diego era hijo de Francisca y de Garcia, esclava y criado* respectivamente de Alonso Franco. Para entonces, con toda seguridad Rodrigo Franco había pasado a mejor vida, porque, tal cual dijimos, el viejo mercader hizo testamento definitivo en 1563, el día 9 de agosto.
Instituyó una capilla en las tenebrosas profundidades de la catedral hispalense, ese monstruoso amontonamiento de siniestras piedras, nido de pajarracos y lechuzas que simboliza la enfermiza intolerancia y el patológico fanatismo que, como freno a las fuerzas creativas de la sociedad, ha enraizado desde hace siglos en nuestro planeta para desgracia de las personas razonables.
Bajo sus húmedas y amenazantes bóvedas quien esto escribe indagó con la intención de refrendar los datos documentales; en efecto, horrorosa en su estilo, hay una fantasmal capilla denominada de la Virgen de la Estrella, medio escondida tras el coro y tan mal iluminada que los angelotes tallados en las pálidas piedras de sus laterales y techumbre más parecen amarillentos fetos abortados por fuerzas demoníacas en las torturadas mentes de quienes los diseñaron que alborozados infantes celebrando la partida hacia la gloria del titular del antro; recargada de ornamentos negruzcos, pinturas tiznadas, candelabros retorcidos y mármoles maníacamente enrevesados, se encuentra presidida por una virgen desvelada con carga lactopedaleante, de cuyas formas subhumanas y de cuyas estridencias cromáticas nos libera, afortunadamente, la casi nula luz y el de ultratumba débil resplandor. Ilegalmente fotografiada pese a la severa advertencia de una señorita guardia de seguridad uniformada que se ganaba un jornal en aquella especie de amplio manicomio, una placa tras los barrotes de la pesada cancela que aprisiona el esperpéntico monumento con que Rodrigo Franco castigó el sentido estético de las generaciones futuras, nos revela en castellano e inglés:

1. Arquitectura gótica (exterior) y plateresca (interior) de alabastro. Capilla fundada por Rodrigo Franco en 1566.
Rodrigo de León carved the alabaster and reliefs of the interior and front of the chapels. The chapel was founded by Rodrigo Franco in 1566.
2. Virgen de la Estrella (hacia 1566), en un retablo rococó datado hacia 1770.
Rococo reredor endowed in 1770 and figure of the Virgin of the Estrella (circa 1566).
3. Reja diseñada por el arquitecto Hernán Ruiz Jiménez y por el rejero Cosme de Sorribas (1568), fue realizada por Pedro Delgado.
The grille was executed by Pedro Delgado following the designs of Hernán Ruiz and screen maker Cosme de Sorribas (1568).

Al tiempo de la visita fluían por los amplios corredores abigarradas corrientes cosmopolitas de turistas liberales que buscaban en el tétrico ambiente, a modo de revulsivo, el contraste con la vida y la belleza que se respiraba fuera del repelente recinto, y mientras, en el espacio acotado frente al altar mayor, una oscura y silenciosa masa de feligreses soportaba la arenga espeluznantemente amplificada por los altavoces que un curilla casi invisible en un púlpito vociferaba, instando en cierto momento a "no comportarse como gallinas" frente a los ataques del laicismo desaforado, todo adobado con unos rotundos adverbios de negación —"¡¡no..., no..., no...!!"— espaciados y sonoros como cañonazos de aviso en el fondo de un barranco. En el centenar de efigies congregadas, un anciano de antiguo traje y cabeza tronchada destacaba en la primera fila, ofreciendo al ridículo orador su calva reluciente con el ademán resignado del estoico que muestra un cráneo como quien enseña una sabia respuesta a las angustias e inquietudes humanas, pregonando mudamente con él: "todos así dentro de cien años".

* Un criado podía ser o bien un empleado libre, a sueldo, o en muchos casos, un esclavo puro y duro. Se utilizaba el término indistintamente.

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