lunes, 25 de agosto de 2008

Agua y hambre (VI)

De un brinco Jose tomó tierra y apresó al semiinconsciente herido, que sangraba por una enorme brecha en el lado izquierdo de su cabeza, mientras imploraba incoherentemente piedad, aterrorizado, jadeante y empapado hasta los huesos. Entre denuestos Jose lo sujetó hasta que llegaron los demás, y bien atado con una cuerda lo condujeron hacia Castilleja, casi a rastras, como si de una maligna alimaña se tratase.

Al final de la cuesta, en la explanada de la ermita, Maria de Amores y su esposo esperaban para ver en qué había quedado la cabalgada, y cuando llegaron los jinetes la santera, sintiéndose en cierta manera principal protagonista del extraordinario episodio, no pudo ni quiso reprimir la emoción insana que la embargó al ver la figura vacilante, exageradamente atada por cuello, pecho, cintura y brazos, del desgraciado calé, y prorrumpió en vituperios contra él, cada uno de los cuales superaba con mucho las más elaboradas maldiciones que se habían proferido y se proferían en los ámbitos tribales de aquella nación viajera a la que pertenecía.
El sol entonces disipó en pocos minutos, como si retirase una telaraña con sus espadas de luz, la sucia niebla matutina, haciendo resplandecer sobreescrita en los restantes colores del escenario la pincelada roja en la cabeza ensangrentada de Francisco Ravelo, que en aquel momento recordaba a sus hijos pidiéndole algo de comer.

Entraron al pueblo casi como una formación militar, en cabeza el arácnido Alguacil Mayor con su vara bien visible, seguido del grueso de caballeros, con el preso envuelto en barro y sangre atado a la larga cuerda y andando penosamente a trompicones, y cerrando la comitiva el mairenero a lomos de la mula, la cual llevaba todavía en los ojos reflejado el terror del agua impetuosa que había querido llevarse su cuerpo. La gente se agolpaba a los lados de la Calle Real, avisándose unos a otros de casa en casa. Para dar más importancia a la hazaña, siguiendo una idea del Alguacil Fernando Caro hicieron difundir el rumor de que, en efecto, habían querido robar en la ermita de Guía, y con ello se ganaron la aprobación general por la enérgica actuación y el agradecimiento sin condiciones del vecindario; muchos chiquillos mostraban su alegría de diversas formas, vitoreando a los de la partida y corriendo tras ella entre risas y demostraciones de júbilo, y faltaba poco para que se les arrojaran flores desde los balcones, tal era el aprecio que los castillejanos tenían a su ermita, convertida en un símbolo de su territorialidad y en un emblema identitario de su historia, como el mascarón de oro de un buque —Castilleja de la Cuesta— anclado en las lomas.
Accedieron a la Plaza a través de la calle de Hernán Cortés para darse más importancia y hacerse más publicidad, evitando la del Convento, en la que apenas había media docena de vecinos. A la altura de la casa de Juan Clemente de Luque se detuvieron porque apenas podían proseguir, tal era la masa de lugareños congregada. La mujer de Juan sacó unos jarritos de vino para obsequiar a los héroes, que sin descabalgar los apuraron de golpe, celebrando con brindis entre ellos y con la concurrencia el éxito y buen término de la ardua empresa. El cautivo, todavía sangrando en medio de un círculo de curiosos que o lo miraban con curiosidad o lo insultaban con más o menos furia y odio, ofrecía el aspecto lamentable de un ser indefenso y atribulado que podía ser linchado en cualquier momento. En lo alto de los escalones de la puerta de Clemente de Luque su hijo subnormal boqueaba babeando mientras gritaba agitando sus manazas con ademanes exigentes:
—¡Cortarle la chol-la, cortarle la chol-la! —y los presentes reían aprobándolo con estruendosas carcajadas de admiración como si el inválido, iluminado por no se sabe que misteriosos poderes, hubiera adquirido de milagro el ingenio de un supremo juez superdotado.

4 comentarios:

Angela Guichardo dijo...

Todo este texto es de tu inspiración?? Es un libro?

Perdona la ignorancia.

Antonio dijo...

Hola, Angie: verás, me baso en documentación de nuestro archivo municipal, y en la de otros archivos de la capital de la provincia, Sevilla.
A todo lo cual voy añadiendo licencias dramáticas que, sin alterar lo que realmente aconteció, le añaden detalles naturales de la vida diaria de aquellos personajes.

Gracias por tu interés. Me alegro mucho de conocerte, y seguiré leyendo tu blog.
Un abrazo.

Haideé Iglesias dijo...

Cuando los cobardes se arropan en el gentio y la autoridad para darse más valor..., me gusta la descripción que haces de esa arremolinada jauria...

Antonio dijo...

Los tengo bien definidos. Eran un poco como los antecesores del típico fascista inculto y descerebrado de hoy en día.

Besos.

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...