martes, 5 de agosto de 2008

Un aperador acosado (IX)

Los habitantes del pueblo achacaban, en su ignorancia, a las observaciones astronómicas del Diablo cuanta calamidad meteorológica habida y por haber se cebaba en las tierras de cultivo. Había quienes aseguraban muy serios en su círculo familiar que tenía poderes para dirigir un rayo contra quien le pareciera, a la hora que le viniera en gana, y que lo hacía concentrando la luz que entraba por el telescopio con un espejo mágico en el fondo de una caja de plomo. Otro grupo pretendía atribuirle las inesperadas tormentas o la escasez de lluvia, arguyendo que rompía las nubes antes de que cuajasen, y se habían unido casi en asociación reglada para solicitar a la Real Audiencia sevillana —ya que el Cabildo local no les hacía el menor caso— que obligara a don Gaspar a resarcir económicamente a los labriegos afectados por semejantes clases de fenómenos atmosféricos, o en otro caso, que le impidiera la realización de sus nefastas observaciones. Y a pesar de que el vicario de Santiago y el cura de la Inmaculada, a la sazón un padre franciscano del convento de San Juan de Aznalfarache, intentaban por todos los medios convencer a sus parroquianos de lo contrario, creían las beatas y los iluminados católicos que atraía cuerpos celestes de malos augurios con sus aparatos en el torreón, y que escandalizaba a los ángeles del cielo, por lo que recibiría el pueblo de Castilleja más pronto que tarde un castigo digno del Armagedón.

Tras el viaje de inspección a Caño Ronco Elvira se preparó para recibir a Cristobal Marana y don Gaspar para escudriñar las profundidades estelares. La noche de seda favorecía tanto a la una como al otro, una noche limpia, con un recorte agudo de luna flotando en las alturas hacia Bormujos. Fue esta escasa visibilidad la causa de que, al acudir a su cita nocturna, el calderero hundiera su pie derecho en un montón de boñigas de cerdo y que al acudir en su auxilio el izquierdo tambien resultara rebozado, lo cual hizo que entrara en el patio de su amada más que apurado, insultando a los que, según le pareció, le habían "pgepagado una tgampa". Dejando los borceguíes en la escalerita, se lavó las medias y los pies antes de pasar al interior mientras ella intentaba ahogar su risa tapándose la boca con la toalla. No impidió el contratiempo que hicieran el amor tres veces antes de tomarse un respiro, que aprovechó la mujer para hablar de su gira a caballo por los pagos de Camas. El calderero, quizá algo celoso, llevó la conversación a su terreno, fanfarroneando de sus conocimientos y de su cultura en un vano intento por impresionar a la desmadejada mujer que, semidesnuda y risueña, descansaba a su lado en la cama.
-Elle represente —decía el tuerto refiriéndose a las calderas— le receptacle des puissances gegminadoras, et il debe ser gelacionado con le simbole general de lagua, qui est transporteur de la vida. Dans sentido es comme paguecido de la calavega, les deux abovedados, pego la calavega es container sublimé, mientras que la premiere est terrena, mondaine. Bien que quand sacralizamos une caldega nous obtenons le cálice, qui n'est plus qu'un vaisseau espiritualizado, elle ne sera assorti jamais como le crâne, qu'à l'inverse, il est un dépositaire du monde supérieur de l'homme et sin ninguna relation con la divinité, comme bien se charge de démontrer la mythologie, les légendes et le folklore de tous les pays et de cultures.
La alusión al sexo femenino apareció clara en la mente de Elvira, que no pudo por menos que seguir bromeando mientras analizaba cuidadosamente con su delicado olfato los pies del culto artesano. Habló entre risas apagadas del telescopio de su antiguo amante, que en aquellos momentos oscilaba de este a oeste y de norte a sur, captando desordenada y febrilmente cuando acontecimiento tenía lugar en el firmamento.
—Es lo único que tiene erguido —y rieron los dos, casi abiertamente, con riesgo de ser oídos por el vecindario durmiente.

No hay comentarios:

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...