El viejo Rodrigo no pudo ni quiso evitar proferir una ácida ironía cuando su negro Cristóbal le comunicó que el Alcalde quería que derramasen la lía en hoyos abiertos junto a las tapias, para mantener el centro de la calle limpio y transitable. Juan de Vega permanecía inmóvil y erguido en su cabalgadura, expectante y preparado ante cualquier reacción de aquellos extraños, y se sintió seriamente humillado, hasta el sonrojo, cuando Rodrigo comentó a su esclavo, con la voz arrastrada y el acento capitalino que a la mayoría de los castillejanos, a él el primero, tanto les desagradaba oir:
—Sí, sí; échala en un hoyo y verás como viene con su vara a catarla.
Los esclavos sonrieron abiertamente y Alonso apenas pudo reprimir la risa. Fué un cometario ingenioso. Beber sedimentos de tinajas era propio de los borrachos más miserables y degenerados que imaginación alguna pudiera concebir. El supremo símbolo de la justicia y la autoridad, la vara de alcalde, cuyo cuerpo era una gruesa caña de nudos desbastados, vara que el Alcalde Mayor en nombre del Conde de Olivares entregaba a sus ministros en unas ceremonias por todos respetadas, ahora era propuesta por aquel indeseable para absorber heces, en una vergonzante escatología infernal que sonrojó hasta las orejas al jinete.
—¡Señor! ¿qué razón es ésa? —atinó éste a inquirir.
—¡Anda, borracho, para, e iros enhoramala! —remachó el viejo hacendado.
—¡Mala sea para quien tan mal habla! —visiblemente airado ya, sentenció Juan de Vega.
Y pareció que las últimas palabras articulasen un resorte en Alonso Franco, el cual en un salto arremetió contra el caballero, secundado por el esclavo Francisco como si fuera parte sustancial de él mismo. La mula se encabritó coceando asustada, y el negro agarró con una de sus robustas manos el borde de la capichuela que cobijaba al Justicia y de un violento tirón dió con él en el encharcado suelo. Alonso aprovechó la patente desventaja de su adversario para patearlo buscándole la cara con las botas para hacerle el máximo daño posible, y el joven Cristóbal instintivamente echó una mano de las abundantes barbas del caído sometiéndolo a dolorosos tirones mientras con la otra en puño lo golpeaba en el rostro. No era frecuente que se le presentara a un esclavo africano la oportunidad de tirar de las barbas —aquellos adminículos pilosos que caracterizaban a los opresores de su raza— a un hombre blanco que además ostentaba el poder supremo de toda una población.
Rodrigo Franco encontró hueco entre sus criados y su hijo para golpear al Alcalde con algún puñetazo y alguna patada, y mientras piafaba la candonga pedaleando el pobre hombre se retorcía entre los charcos de lía intentando esquivar la lluvia de porrazos y puntapiés, protegiéndose la cabeza con los brazos.
—¡¡Auxilioooo, favor a la Justicia!! —gritaba como quien ve llegar su última hora, llamando a "las gentes del Rey y del Conde" a voces en un desesperado intento de librarse de aquellos energúmenos que se le habían subido encima.
Los dos criados se sentían invulnerables bajo la protección de su señor, y estaban dispuestos a llegar hasta el fin con tal de hacer méritos a sus ojos y dejar manifiesta su inquebrantable lealtad, de forma que mientras uno arrastraba al edil tirándole de la cabellera el otro intentaba acceder con sus coces a sus zonas íntimas.
Fue una fracción de minuto, pero indefenso como estaba Juan de Vega y superado tan ampliamente por el número de sus atacantes recibió una paliza que hubiera tenido gravísimas consecuencias de no ser porque, entre sus llamadas de auxilio y las de un par de mujeres que por casualidad se encontraban en las cercanías charloteando en la puerta de la casa de una de ellas, lograron alertar a los vecinos más próximos, quienes salieron de sus moradas en tropel, armados con lo primero que hallaron.
domingo, 22 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Los olvidados, 12q.
[...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...
-
(Viene de la entrada anterior) Vamos a documentar al siguiente hijo del masón castilllejano Eduardo Borges, Juan Borges Fe. Siendo segundo ...
-
Aparece un Comberger (sic) en documento de 1594 cuando doña Isabel Maldonado, madre de Juan Cromberger, reconoce al conde don Enrique de Gu...
-
Se cumplen estos días 400 años de la muerte de Cervantes http://400cervantes.es/ Estrechar la borbónica mano, blancuzca y viscosa, y marear...
No hay comentarios:
Publicar un comentario