domingo, 15 de febrero de 2009

Los esclavos 9

Inmediatamente después los jueces de la Audiencia de la Casa de la Contratación, los señores Suárez de Castilla, Tesorero, y Domingo de Ochandiano, Contador, dijeron que hacían e hicieron cabeza de proceso contra nuestro hombre, presente que estaba, en razón de que viniendo de las Indias y antes de llegar al hispalense puerto de Los Humeros* y sin esperar a que los oficiales de la Casa registraran la nave como tenía mandado el Rey por sus Ordenanzas Reales, se fué de ella con poco temor de Dios Nuestro Señor y con menosprecio de la Justicia, Ordenanzas e Instrucciones de la dicha Casa, y se vino a esta Ciudad, por lo cual delinquió grave y atrozmente e incurrió en las penas dos (sic) de las dichas Ordenanzas e Instrucción Real de esta dicha Casa, por cuya razón se le encausa en este proceso.
Entregósele traslado en dicho día a Rodrigo Franco, que presentó su alegación seguidamente, basándose en que la cabeza estaba mal formada, que era oscura, no concluyente, defectuosa de lo sustancial y que carecía de verdadera relación en todo o en parte, y negándola según y de la manera que en ella se seguía. Y explicaba que porque si ordenanzas algunas había en esta Casa de la Contratación de las Indias que se refirieran a la salida de las naos de los viajeros que de las dichas Indias venían ... no se fiaban (¿fijaban?) ni eran guardadas ni divulgadas en principio de cada un año; ... para que tuvieran fuerza de ordenanzas y que se ... lo en ellas contenido en especial que si él se salió de la nao en que venía fué haciéndolo con el consentimiento liberal del maestre de la dicha nao y entregándole todo el oro y perlas y plata y escrituras y otras cosas que traía, y así por esto como porque el dicho maestre no se lo impidió ni le avisó de la intención que dice llevaba, ni él la sabía, no incurrió en la pena de las dichas ordenanzas, mayormente porque en lo principal ellas se referían a que nadie sacase el oro y perlas que trajese, y esta fué la razón final de ellas, y pues él no lo sacó, antes lo entregó todo y en un cofre al dicho maestre, que por la dicha razón final no se le podía aplicar el efecto de las dichas ordenanzas, en especial que siendo como es él hombre honrado y de buena vida y fama, no se debía ni debe creer que hiciese ni haya hecho cosa que no deba, mayormente que esto de salir siempre se ha hecho en los días y años pasados sin que las autoridades obrasen contra los que se han salido y esto solo basta para escusarlo de la pena de las dichas ordenanzas.
Para terminar pide a los jueces que por no haberse podido formar contra él nada delictivo en la cabeza del proceso le concedan la absolución y lo dejen libre de todos y de cada uno de los cargos, y que manden alzar el embargo del oro y demás valores que traía en el cofre, depositado en la Casa por orden de dichos jueces, y que se lo den y entreguen libremente, para lo cual implora y pide justicia.

*Puerto de los Humeros, en el arrabal del mismo nombre, por los pescadores dedicados al ahumado de sus capturas. Al parecer se formó en tiempos árabes una comunidad de gentes dedicadas a la pesca en este barrio, situado en la explanada extramuros de la Puerta de Goles o Puerta Real, que abre a la hoy nombrada calle Alfonso XII (ver "Rodrigo de Cieza 3"). Estos lugares desolados servían de vertederos, pero en este año de 1526, si Rodrigo Franco, tras su estancia en Indias y su viaje de regreso, en vez de intentar escamotear a la policía portuaria sus rapiñas —ladrón que roba a ladrón, tiene mil años de perdón— hubiese seguido en el barco de Pedro de Sanmartin tras serle franqueada una vía en el Puente de Barcas trianero hasta su destino, en lugar de las consabidas montañas de desperdicios e inmundicias en las que los pájaros pescadores suplementaban su dieta hubiera visto, asombrado, una colosal edificación envuelta en andamiajes y complicadas maquinarias sobre las que pululaban centenares de peones, cada cual con su cometido exactamente definido. Se trataba de la construcción del nuevo palacio-biblioteca del hijo de Cristóbal Colón, quien en su obsesión de bibliófilo coleccionista ya no encontraba sitio en toda la ciudad capaz de almacenar la inmensa masa de libros y pergaminos recolectados por medio de sus agentes en toda Europa que hoy conocemos como Biblioteca Colombina. Mas, según muestran recientes investigaciones, el terreno de aquel muladar no ofrecía firmeza alguna, constituído como estaba de desperdicios putrefactos, y en combinación con las frecuentes riadas del cercano Guadalquivir el palacio de Hernando Colón comenzó a agrietarse y a desmoronarse hasta que en el año 1603 y tras una avenida de agua especialmente abundante se hundió para los restos. Cuentan las crónicas que el palacio era de tal envergadura que desde el propio barrio de los Humeros podía verse sobresaliendo por encima de las murallas, aunque quizá fuera debido a la altura del basurero sobre el que fué edificado.

Por último no debemos pasar por alto que en este año del pleito de Rodrigo Franco nació en Castilleja de la Cuesta Pedro Ximénez, el inventor del vino que hoy lleva su nombre (ver en la entrada de agosto de 2008 "Un aperador acosado X").

No hay comentarios:

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...