Grande fue el escándalo. Juan de Vega, después de que se disolvieran los grupos que habían participado en el asalto a la bodega de Rodrigo y tras ser acompañado por sus más leales a descansar, echóse en la cama dolorido y lleno de rabia e ira, a esperar que llegase el médico. Tras la primera cura intentó comer algo, pero no pudo apenas mas que trasegar un poco de agua. Pasaron las horas en silencio —había ordenado a su mujer que no se le molestase— y cayó en unas duermevelas interrumpidas cada poco por agudos pinchazos y quemazones en las zonas dañadas de su cuerpo, que le atormentaban mas que nada al volverle a recordar con toda viveza los detalles de la paliza como si todavía tuviera encima, para su oprobio y verguenza, a los despiadados agresores. La luz mortecina de la tarde se filtraba por las ventanas semicerradas y el ambiente de su habitación cobró una apariencia lúgubre. Ni tan siquiera llegaban los sonidos habituales de la calle propios de una tarde de sábado, pareciendo que todo el pueblo, y aún la naturaleza con sus pájaros, perros y bestias de establo, meditaban sobre lo acontecido.
Pasados unos días estuvo en condiciones de ir dictando disposiciones para organizar su acusación en toda regla, pero mientras, no le faltaron amigos que iniciaran las diligencias, de manera que aquella misma tarde declararon algunos de los presentes en los incalificables acontecimientos.
(Faltan las primeras líneas, en las que en nombre de Juan de Vega se presenta la querella).
... y luego el dicho Señor Alcalde [Bernabé Martin], vista la dicha querella, dijo que dé información y que está presto a hacer justicia.
Los mentores de Juan de Vega, como era usual en este tipo de procedimientos, reunieron testigos y los presentaron ante su homólogo.
Testigo, Ana Sanchez, mujer de Juan Martin, vecinos de esta dicha Villa, presentada por el dicho Juan de Vega, Alcalde Ordinario, la cual juró según derecho, y siéndole preguntado por el tenor de la querella, dijo que estando esta testigo y su hermana Isabel Sanchez a la puerta de Elvira Sanchez, su madre, vió venir a Juan de Vega, Alcalde Ordinario en esta dicha Villa, caballero en una bestia de él hacia la ciudad de Sevilla, y en llegando a la puerta de Rodrigo Franco ha visto que se reparó el dicho Juan de Vega, caballero como estaba en la dicha bestia, y que le pareció a esta testigo que el dicho Juan de Vega se trabó a palabras con unos negros del dicho Rodrigo Franco, que sacaban con unas calderas lía de la bodega del dicho Rodrigo Franco, a echarla por mitad de la calle, y que esta testigo es sorda y por eso no oyó las palabras que pasaron, y viendo esta testigo al dicho Juan de Vega con los dichos negros a palabras, echó mano de la dicha su hermana y le dijo: "metámonos acá dentro de casa", y después salió esta testigo a las voces que oyó dar, y vió muchas gentes con espadas en las manos, y que no sabe con quién reñían, y esto sabe de lo preguntado en la dicha querella, y que no sabe otra cosa, y que es de edad de 30 años poco más o menos, y dijo que no sabía escribir. Firma, Miguel de las Casas.
Testigo, Isabel Sanchez, mujer de Diego Rodriguez, vecina de esta dicha Villa, presentada por el dicho Juan de Vega, Alcalde Ordinario de ella, que juró en forma de derecho, y siéndole preguntado por el tenor de lo contenido en la querella, dijo que lo que sabe es que estando esta testigo hoy, dicho día, a la puerta de Elvira Sanchez su madre, vió esta testigo que allegando el dicho Juan de Vega a la puerta de la bodega del dicho Rodrigo Franco, caballero en una bestia, que venía de Sevilla con dos cestos delante de la bestia, sacaba un esclavo del dicho Rodrigo Franco una caldera o copa que iba llena de lía a echar por mitad de la Calle, y entonces oyó esta testigo decir al dicho Juan de Vega, Alcalde Ordinario: "hermano, ¿porqué no hacéis un hoyo en vera de la pared y echáis esa lía?", y en esto vió esta testigo salir al dicho Rodrigo Franco y decirle al dicho Juan de Vega, Alcalde Ordinario: "sí, sí, échala vera de la pared y vendrá él con su vara a tentarla", y entonces oyó esta testigo al dicho Juan de Vega, Alcalde Ordinario: "señor, ¿qué razón es ésa?", y oyó esta testigo responder al dicho Rodrigo Franco: "anda e iros enhoramala", y entonces respondió el dicho Juan de Vega, Alcalde Ordinario: "mala sea para quien mal habla", y en esto esta testigo dijo a su hermana, que estaba con ella: "metámonos acá dentro", y que no vió más ni sabe otra cosa por el juramento que hizo, y dijo que es de edad de 20 años poco más o menos, y dijo que no sabe escribir. Firma, Miguel de las Casas.
sábado, 28 de febrero de 2009
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