El mismo día de su prisión, lunes ocho de agosto, les fueron a tomar declaración el escribano y el Alcalde, con la prontitud dictada por las presiones de la familia y facilitada por la falta de actividad que aquellos días veía la población. Con tiempo para ponerse de acuerdo, no incurrieron los declarantes en contradiciones, manifestando que del incidente en Las Escaleras tuvo la culpa sola y exclusivamente el Regidor, arguyendo que los animales no razonaban; alegaron también que no habían reconocido a los que les cerraron el paso en la calle de Enmedio la tarde del atropello a causa de la escasa iluminación, discurriendo de buena fe que eran salteadores bandidos. De todo tomó nota don José Cordero Baena inclinada su redonda y casi calva cabeza sobre los papeles, garabateando su suelta escritura. En cierto momento el Alcalde, —gesticulaciones cigüeñíles—, les dio a entender que, aunque no debían desesperarse, el asunto podría sufrir alargamiento hasta que considerara tener las espaldas bien cubiertas.
Luego, a la hora de visitas ya entrada la tarde, llegaron la mujer y la cuñada de Sebastián como dos sombras de otro mundo, con un guiso humeante, pan tierno, un cuartillo de vino, fruta fresca, una bandejita de repostería recien horneada y ropa limpia; los presos compartieron el banquete con el Alguacil, y devoraron casi sin articular palabra durante media hora las viandas en la mesita del zanjuán habilitado como refectorio.Luego, vueltos entre eructos los hermanos al calabozo y Juan Cosme de Tovar a su hogar, desfilaron las horas interminables. De noche las estrellas aplaudían con silencioso parpadeo a una orquesta sinfónica de relucientes grillos que se había instalado en el corralón, interpretando un himno a la monotonía de un universo que giraba saltando imperceptiblemente con la precisión de una rueda de reloj.
Había, en las tardes de aquellos días, un sol antiguo sobre los tejados oscuros, en las copas de los árboles y en las largas tapias blancas; las sombras de los olivos se alargaban en la lontananza difuminada en oro; el aire claro hablaba de tiempos remotos, y la luz serena tenía más edad que la tierra. Las almas se sobrecogían en la belleza de aquellos gratos escenarios, mecidas en una especie de desconocimiento porque la hora borraba con su inocencia las agitadas manchas de los recuerdos, al ser recuerdo puro como era ella, recuerdo vacío de ella misma.
Tras el cementerio del Carnerillo, a lo largo de un muro media docena de viejos mascaba la existencia, con las mentes en blanco y los ojos llorosos, sentados en poyetes de piedra, con las manos en los bastones y los ojos casi ocultos bajo las alas de los desgastados sombreros. Algún perro enroscado a sus pies, algún asno por las cercanías. Miraban en silencio hacia el olivar, asombrados de tanta ternura en los surcos lejanos, de tanta delicadeza en los encajes de la menuda hojarasca en los añejos árboles; ni una brisa alteraba la estampa, y hasta los pájaros, atrapados absortos en aquel gran detenimiento, enmudecían inmóviles en las ramas.El mundo quedaba suspendido, como perdido en un suave deleite tan arrebatador que hacía diluirse la percepción del propio cuerpo venciendo con su delicadeza cualquier resistencia a su cautivador influjo.Entonces, como la voz férrea de un padre, la campana de la cercana iglesia de Santiago, cuya torre asomaba tras los corrales aureolada de celeste, llamaba a todos devolviéndoles la noción de una trascendencia que sobrevolaba el escenario resucitando, llena de belleza y sin dejarse sentir, las emociones ancestrales de los ancianos.
Los viejos con lentitud se descubrían incorporándose, para murmurar la oración de la tarde simple y magnífica mientras que en las alturas cuadrillas de cernícalos volvían desde sus cazaderos aljarafeños a los acogedores huecos de las fachadas de la Catedral hispalense.
domingo, 22 de junio de 2008
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3 comentarios:
Es justo que , puesto que me lees, yo también te lea...
y esta historia me la estoy bebiendo cual culebrón por fascículos...
por interesante y bien escrita!
Felicidades!
Quizá eres cronista, historiador , ??
Un beso desde el prado seco de Montequuinto !!
Gracias por tu visita.
Te juro que utilizo las mínimas licencias dramáticas; los hechos y los nombres son reales, tal y como constan en documentos del Archivo Municipal de Castilleja y del Histórico Provincial de Sevilla, mis principales fuentes.
Cuando entre en el siglo XIX (no digamos en el XX) tendré que ir con pies de plomo para no despertar susceptibilidades en los castillejanos.
Contesto tu pregunta: no tengo ningún titulillo oficial que colgar del salón, pero vivo la Universidad intensamente.
Un abrazo.
Qué importa , yo tampoco cuelgo títulos ni del salón ni de ninguna parte ,lo que no impide que me pase la vida con un libro en las manos...y por las noches, escriba peor o mejor , pero sin parar.
Te sigo leyendo y yo de ti me plantearía pasar todo esto a papel y presentarlo a un concurso de novela histórica.
Es genial.
Un abrazo.
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