Por otro lado no le iban bien las cosas al Regidor, a pesar de sus múltiples ocupaciones, que en puridad tenían que estar proporcionándole algún beneficio. De ningún modo era así, sino que tenía deudas; el día veintiuno del marzo pasado se había obligado, hipotecando todos sus bienes, a devolver el préstamo de quinientos reales de vellón que le había hecho don Juan Antonio Romero, Contador Mayor de la Real Caja del Subsidio, vecino de Sevilla, para salarios de sus ayudantes, compra de remedios y medicinas para los animales enfermos, carbón y metal para de la forja herrera, arriendo de la sementera y mantenimiento de los bueyes; tenía que satisfacer la cantidad prestada el próximo quince de agosto, y si su finca no la producía o no se le presentaban encargos de transporte de mercancías o de cura de animales podía acabar, en último extremo, con sus huesos en la cárcel. Por eso tenía puesta casi todas las esperanzas en la cosecha del verano. Uno de los que le habían avalado ante el Contador Mayor es Salvador de los Reyes, maestro boticario que vive desde hace pocos meses en la Plaza, en una casa arrendada a la Duquesa de Olivares, y como su fiador, podía arrastrarlo en su caída, lo que producía a nuestro Regidor más desazón que su propia desgracia, ya que le unía al boticario una estrecha amistad.
Todavía en planos topográficos del término municipal de la Castilleja de la Cuesta de principios del siglo XX se denominaba callejón de Las Escaleras a la calle de Joaquín Romero Murube, límite entre Castilleja y Gines al oeste de la Barriada de la Inmaculada Concepción. El pago de Las Escaleras era pues el área entre Romero Murube al oeste, carretera Sevilla-Huelva al sur, calle García-Junco al este, y por el norte limitaría con el Pago de la Gitana, que dió nombre al callejón de la Gitana, denominación que se conserva hasta hoy y línea divisoria con Valencina y con Camas. Un "pago" era un terreno dedicado al cultivo de viña y/u olivar, y en Castilleja se contabilizaban varios, con nombres como "de la Cabeza del Moro", "de Miranda", "de las Zorreras", "de los Candeleros", etc. En resumen, por Las Escaleras fue como se conocía en el siglo XVIII y XIX el terreno sobre el que se asienta en nuestros días la Barriada de la Inmaculada, la de San Francisco Javier o del Mueble Castellano, la barriada de Antoñito Ruíz hasta García-Junco, y la mitad sur de Los Altos de Castilleja. Pertenecían Las Escaleras en el tiempo que nos ocupa al Colegio de San Hermenegildo de la Compañía de Jesús en Sevilla, que construyó aquí la Hacienda que hoy es Hotel San Ignacio, levantada años antes de los hechos que vamos a narrar para organizar un Cuartel General Alimentario, que así es como llamaban los religiosos a sus posesiones agrarias. Al otro lado del Camino Real se encontraba el Pago del Arenalejo, que limitaba con Bormujos y que también perteneció a la Hacienda de los jesuitas, dicho sea de paso. En su conjunto eran tierras que se cedían en arrendamiento a gentes de la comarca, verdaderos expertos en hacerlas fructificar.
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