No son necesarios altos grados de suspicacia para adivinar el juego político que desde Madrid llevaban a cabo el rey y sus colaboradores: tómese el trigo siciliano junto con la posibilidad de una gran revuelta en Andalucía originada en la escasez de alimentos y el oportuno casamiento de su hijo el futuro Carlos III —dueño de dicho trigo como rey de Sicilia que era—, y se verá la facilidad con la que encajan estas tres bazas en las maniobras de control de la sociedad del sur hispano diseñadas por el Borbón y su camarilla. Profundos conocedores de la idiosincracia del pueblo andaluz por haber habitado en Sevilla durante todo el llamado "Lustro Real", sus ministros diseñaron las líneas de actuación. El enfermizo monarca vió con muy buenos ojos las proposiciones que sus estrategas y consejeros le hicieron. Reconquistada Trinacria de las garras de la Cuádruple Alianza en 1735, granero del Mediterráneo desde mucho antes de las expediciones colonizadoras de los griegos, y al timón de la disputada isla su hijo, bastaron unas firmas de su puño y letra en unas cartas para que se socorriese a Andalucía con unos barcos repletos de un trigo que enfrió al menos unos meses los ardores levantiscos de su población menos favorecida, y para terminar de contentar a las masas de jornaleros dió su visto bueno a la proposición de hacer en la magnética capital, aprovechando el pretexto de la boda de su hijo, una de esas fiestas obnubiladoras, de sangre y oropeles, a las que tan aficionados son los meridionales de la península. De tal manera que pocos meses después de que la sequía del año 1737 con su estela siniestra de muerte, dolor y enfermedad hubiese pasado, en la festiva y veleidosa mentalidad popular, a la categoría de cosas para urgentemente olvidar, se organizaron en la ciudad del Betis los festejos, —dantesca orgía de sangre—, que hemos descrito en el capítulo anterior.
Siendo así que, paradójicamente, todavía en octubre del dicho año 1738 don Carlos Martin de las Cuevas se cruzaba en la calle de Las Sierpes o en la de Rioja con mendigos de solemnidad en los que reconocía a castillejeros arruinados en las calamidades de los dos años pasados, y a los que socorría con un maravedí y unas palabras de consuelo.
Prosigamos con las declaraciones de febrero del año de la boda:
Terzer testigo. Juan Pacheco. En dicha Villa, en el dicho día, mes y año dichos Su Merced el Señor Theniente de Governador hizo parezer ante sí en Cumplimiento del Acuerdo de este día a Juan Pacheco de Castro, Vezino de esta Villa, del qual por ante mí el presente notario rezibió Juramento a Dios y una Cruz en forma de derecho, y el referido lo hizo y prometió dezir Verdad, y siéndole preguntado del thenor del Acuerdo antescrito dixo que el Declarante sembró en el año pasado de mil setezientos y treinta y cinco para coxer en el de treinta y seis, veinte fanegas de trigo, y por la calamidad del tiempo no coxió si no es tres fanegas, y en el año de treinta y seis para coxer en el de treinta y siete sembró veinte y quatro fanegas de trigo, y coxió de ellas quatro fanegas, conque ya se puede considerar la pérdida que tendría en dichos dos años, que lo han dexado arruinado sin tener que dar de comer a sus hijos; y sabe el Declarante que a muchos Vezinos que sembraron les suzedió lo mismo, por la gran esterilidad de el tiempo; Y sabe que otros muchos vezinos que tienen viñas les ha suzedido lo mismo, porque no han coxido tasadamente con los frutos para el costo de los benefizios, pues muchos de ellos no las han podido acabar de benefiziar, por no aver podido por la gran esterilidad de el tiempo que han padezido y están padeziendo por la falta de granos y frutos; y sabe el Declarante y lo ha visto que por la Justicia de esta dicha Villa se ha andado cobrando los Padrones de Millones y Zientos, Servicio Ordinario y Paja, y no han podido acabar de cobrarlos, por dicha esterilidad, y aunque han hecho diferentes diligenzias para ello, sabe el Declarante no ha tenido efecto la Cobranza, pues no tienen para comer, porque ha muchos días que no ganan un jornal para mantenerse y su familia, por la esterilidad del tiempo, y sabe que no se ha reintegrado el Pósito del trigo que debían en los años de treinta y seis y treinta y siete; y sabe el Declarante, que lo ha visto, que muchos Vezinos de esta dicha Villa se han ydo con su familia a pedir limosna a la Ciudad de Sevilla, para poderse mantener, por no tener donde ganar un jornal para ello; y si la Magestad de Dios Nuestro Señor no ubiera sido servido de que huviese entrado el trigo de Ultra mar, ubieran todos perezido, por no averse coxido en dichos dos años y estar toda esta tierra y Reynado de Sevilla falto de grano; que esto que lleba dicho es público y notorio, pública voz y fama en esta Villa y en las Circumvezinas, y la Verdad para el Juramento que tiene fecho, y lo firmó y declaró ser de edad de treinta años poco más o menos, y Su Merced lo firmó. Juan Pacheco. Xristoval de Vallecillos. Ante mí, Pedro Vazquez Oliva.
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