Confessión de Sebastian Delgado. En el dicho día, mes y año dicho esttando en la Cársel pública de esta villa su merced dicho Señor Theniente en cumplimiento de su autto hiso parecer antte sí a un hombre presso por esta causa, del qual por antte mí el escrivano resivió Juramento a Dios y a una Cruz según forma de derecho, y lo hiso, y prometió decir Verdad de lo que supiere y fuere preguntado, que lo fue de las pregunttas siguienttes.
Pregunttado primeramente cómo se llama, qué edad y oficio tiene, y de dónde es vezino, dijo que se llama Sevastian Delgado, y que es vezino de esta villa, de ejercisio panadero, y de edad de treinta y sinco años, y responde.
Pregunttado diga y confiese si save la causa de su prisión, dijo que el motibo de su prisión se originó de que esttando en confesantte en los corrales de sus casas que son inmediattos a los de la en que vive Francisco Clemente Rodriguez oyo que estavan diciendo la mujer del dicho Francisco Clemente a otros que no save quiénes eran, que el pan que amasaban los Delgados estava faltto, y que por esa razón muchos vezinos no le compraban su pan, con cuio motibo pasó el confesantte a las casas del mencionado Francisco Clemente con quatro hogazas de pan, Y dijo que quién havía tenido osadía para pesarle su pan, sin ser la Justicia, que allí tenían aquellas quatro hogazas, que las pesasen para venir en conosimiento si su pan estava faltto o cabal; a lo qual le respondió el dicho Francisco: "¡ah, pícaro deslenguado! ¿Cómo te atreves a ser desvergonzado con mi mujer?", y asió una pesa para tirársela al confesantte, por cuia razón le tiró una hogaza de pan, y se retiraba el que confiesa, haciéndole cara con las ottras hastta que haviéndose azercado el uno para el ottro se asieron a golpes, y el confesante le grangeó la mano en que tenía la pesa y se la quitó, porque con ella no le lastimase, a cuia rasón llegaron muchos y no reparó quiénes eran, y los separaron, y esto responde.
Preguntado diga y confiesse cómo es verdad que el confesante quando fue en casa de Francisco Clemente Rodriguez iba acompañado con su hermano Juan Delgado, que le ayudó a la pendencia, diga y confiese la Verdad, dijo a esta pregunta que la niega por ser incierto, porque lo que deja dicho es la Verdad, y el que declara no vio al dicho su hermano hastta que ya los tenían separados y estavan en la Calle, que entonces llegó dicho su hermano Y le ayudó a ir a su Casa tirando del Confesante y diciéndole: "hombre, déjate de eso", y esto es la verdad, y responde.
Preguntado diga y confiese si el que confiesa hirió a Francisco Rodriguez en la cabeza, y con qué armas, dijo que no save quién, hiriese al dicho Francisco Rodriguez, ni menos lo vio al tiempo de dicha quimera, ni tampoco supo que el referido havía sido uno de los que le querían separar hasta después que oyo decir que estava herido. Y dicho Señor Theniente mandó que esta confesión se quede en este esttado para proseguirla cada que combenga, y el confesantte dijo que lo que tiene dicho en sus respuestas es la Verdad so cargo del Juramento que fecho tiene, Y no firmó porque dijo no saver, y dicho Señor Theniente lo señaló. Señal + del Señor Theniente. Geronimo Lopez Losano.
El trigo maduro en los campos esperaba el filo de las hoces para cumplir otro ciclo en el ritual de cada año. Las brisas vespertinas ondeaban los mares dorados de la comarca, en los que todavía resistía alguna amapola tardía. Bandadas de pájaros sobrevolaban las henchidas espigas que parecían en su inclinación venerar a una deidad desconocida e invisible. La vida aljarafeña seguía su curso milenario.
Deméter montó en cólera cuando supo que su propio tío la había desposeído de su más preciado bien y prometió no volver a la morada de los dioses hasta que su hija no le fuera restituída. Se refugió en la corte del hospitalario rey de Eleusis, y por este su retiro llegaron grandes sequías que agostaron los campos, faltos de su benefactora influencia. Las tierras convertidas en eriales cuarteados ocasionaron espantosas hambrunas y epidemias y la humanidad sufriente parecía abocada al exterminio.
En el Olimpo no se pensaba en otra cosa, alarmados todos sus divinos habitantes por la desastrosa situación creada a raíz del conflicto con la diosa de la fertilidad.
lunes, 13 de octubre de 2008
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2 comentarios:
Antonio, querido, anoche no sé quéle pasaba a esto de blogger que no me dejó hacer ni un comentario, y te había escrito uno larguísimo sobre la maravilla de leerte ...
bueno, dejo constancia y sigo.
Un beso.
Me ha pasado a veces. Cuando quiero hacer un comentario muy "trabajado" lo escribo en el Bloc de notas, y lo guardo hasta que aparece en la entrada.
Voy a hacerte una visita.
Un abrazo.
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