Ytem. Declaro que debo a Cristobal de Aguilar, vezino de esta Villa, un Resto de Tributo de una aransada de Tierra, mando se le ajuste la quenta y se le pague.
Ytem. Declaro debo a la Cofradía de la Calle Real de esta Villa como asta Veinte reales, mando se paguen.
Ytem. Declaro no me debe persona alguna ninguna cantidad.
Ytem. Declaro que mi hijo Bartolome Lopez de Pineda me a mantenido algún tiempo de lo necesario, y me a prometido proseguir en ello alimentándome el tiempo que bibiere sin embargo de sus Alcanses*, por Cuyo motibo luego que Yo fallesca, encargo a mis herederos no tengan en ello Disempsión alguna, sino que se junten todos, ajusten la quenta de lo que pudiera Ymportar dichos alimentos, y se lo paguen o Rescuentren de lo que me está debiendo por Rasón de lo que consta en el Librete, onze años de la Vibienda de la Casa a los Ziento reales, sobre lo que les encargo la Consiencia.
Ytem. Mando que luego que Yo fallesca se den sesenta reales de vellón de limosna por una bes a el Combento de Nuestro Santo Padre San Francisco de esta Villa, los que se pongan en poder de su Síndico1, y recojan Resibo y se le notisie a el Padre Guardián que fuere de dicho Combento a el tiempo de mi fallecimiento, para que por su Comunidad hagan por mi Alma el bien que pudieren, en lo que no abrá omizión por ninguno sobre que les encargo las consiensias.
Ytem. Mando a Juana de Cabrera, hija de Francisco de Cabrera, vezino de la Villa de Mairena de el Aljarafe, y de Juana Mayor mi hija, que la tengo en mi Casa desde que nasió, por bía de limosna por una bes Dosientos reales de vellón, por el mucho Cariño y Boluntad que le e tenido y tengo, cuya cantidad entre desde luego en poder de el dicho su Padre, que con sus vienes los afianze para que estén Prontos y en depósito para cada y quando que la susodicha tome estado de Relixiosa o Casada, para que los tenga en Parte de Dote, a de entrar de lo que le tocare de sus Padres.
Ytem. Mando a Juana de Pineda, uno de los hijos que tiene Bartolome Lopez de Pineda, mi hijo, otros Dozientos reales de vellón por vía de limosna por una bez, los que se pongan en poder de dicho su Padre luego que yo fallezca, y los afianse con sus bienes para que la referida los tenga de parte de Dote, además de los que le pudiere tocar de dichos sus Padres quando llegue a tomar estado de Casada o Relijiosa, y Mando que así se obserbe, sobre que les encargo las Consiensias.
1.- Síndico, persona elegida por una comunidad para intermediar con instituciones ajenas y para fiscalizar, en interés de sus representados, dicha comunidad. En el convento de Nuestra Señora de la O de Castilleja a lo largo de su historia estos representantes no fueron exclusivamente religiosos. Uno de los casos más destacados es el de Luisa Maria de las Cuevas (de la familia de los escribanos), que también ostentó el cargo, aunque tendríamos que contemplar como baza esencial para su nombramiento el que, solterona enriquecida por herencia, fuera una donante generosa y persistente del convento y una gran benefactora de los franciscanos. Perteneció a la Orden Tercera, hermanos de penitencia en una situación intermedia entre los frailes y los seglares, y las autoridades de la Provincia le concedieron el privilegio de ser enterrada en dicho convento, como podemos ver en el capítulo "Un aperador acosado XVII", cuando Juan Lopez limpia su abandonada lápida.
* "Mientras yo viva no le ha de faltar un plato de comida caliente, padre", o en su modalidad para otras personas: "a mi señor padre no le faltará un plato de comida caliente mientras yo resuelle", eran tópicos en las conversaciones cotidianas de Bartolome. Muy en el fondo de su mente, en esos borrosos niveles que se dan en los individuos cuando están presos de las más íntimas fantasías, aparecía su padre como una bestia blancuzca con cierto carácter acuático, mitad equino y mitad mujer, siempre temible y a la vez y en gran medida repugnante. Cuando murió su madre y tal como suele acontecer mediante un dispositivo sicológico que cabría clasificar entre los defensivos (porque propiciaba la integridad del grupo familiar), su padre, viudo y lloroso, adquirió los dos roles para suplir en sus hijos huérfanos la falta de cariño y atenciones maternales. Cuando este mecanismo de desdoble masculino-femenino sobrepasa ciertos grados, la personalidad paterna es vencida por la parte materna recien asimilada que, oculta o adormecida en todo ser humano en su forma de mujer, aflora en estas ocasiones sobreponiéndose a la de padre-hombre propiamente dicho; algo así le ocurrió al testador en los primeros meses de su viudez, y el cambio brusco de carácter fue de inmediato detectado por sus hijos, en especial por Bartolome, que en cierta manera había sido en su niñez la víctima más atacada por la autoridad del cabeza de familia. Y este cambio de su padre fue del todo decepcionante, llevando a Bartolome Lopez a los bordes casi del desprecio físico hacia el idealizado progenitor, aunque se guardaba muy mucho de mostrárselo; aquel anciano debilitado para lo único que le servía ya era para crearse en la comunidad castillejana un aura de bueno, compasivo y caritativo hijo, haciendo vana ostentación por la calles cuando lo llevaba del brazo en frecuentes paseos, espectáculo que para los que en el pueblo —con más o menos sinceridad— sobrevaloraban la institución de la familia, (léase: las "fuerzas vivas"), significaba la continuidad de las tradiciones y el signo inconfundible de que la educación opresiva que se prodigaba en aquellos años habían dado su fruto, en la forma de un Bartolome paciente, civilizado y cuidadoso, que señalaba con exquisita precaución los escalones y baches del terreno a un ser pálido, encorvado y a medio afeitar, aficionado a rumiar en su interior las diferencias entre él mismo cuando fue hijo y este suyo que ahora lo llevaba y lo traía.
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