El viernes 19 de julio de 1737 los dos hijos de Cronos y Rea, Hades y Deméter, se materializaron con sus laberínticos conflictos olímpicos en la panadería de Francisco Clemente Rodriguez: Hades había raptado a su sobrina Perséfone, hija de Deméter, llevándola consigo al mundo subterráneo e infernal en el que reinaba para convertirla en su esposa. La madre, diosa de la fertilidad*, empeñada en la búsqueda de la hija amada abandonó los campos, que quedaron improductivos. Perséfone llegó a simbolizar los granos de trigo enterrados en la siembra del otoño.
Cuando la noche del viernes estalló el conflicto entre los panaderos todos los vecinos sintieron la necesidad de proteger aquella especie de representación de la fecundidad que era el pan. Era más importante el efecto que la causa, y el símbolo de la nutrición se elevaba por encima de cualquier otro valor. Subconscientemente se vieron impulsados a mediar en la pelea cuando supieron que el griterío que podía escucharse a gran distancia en el silencio nocturno provenía de las tahonas. Por eso abandonaron sus casas maridos y esposas, ancianos y muchachos, para congregarse entre exclamaciones de asombro y preguntas incontestadas a la puerta de la casa-horno de Francisco Clemente, en cuyo interior se oían golpes, insultos y algarabía de niños llorando y de mujeres gritando.
*Aunque también a Hades, señor de las almas de los difuntos, lo invocaban los campesinos de la Antigüedad para incrementar sus cosechas. Se representaba a veces con instrumentos de arado en una mano y en la otra un cuerno de la abundancia. Por lo general los dioses de los Infiernos en la mitología tenían esta doble atribución de vida y de muerte como rasgo característico.
Jesús, María y José. Castilleja de la Cuesta. Año de 1737.
Causa escriptta de oficio de la Real Justticia por questión que tubieron enttre Francisco Clementtes Rodriguez, Sebastián Delgado, Vezinos y Panaderos de esta villa, de que resultó herido Francisco Rodriguez.
Juez, el Señor Theniente. Escrivano, Geronimo Losano.
Para despachos de oficio, quatro maravedies.
SELLO QUARTO, AÑO DE MIL SETECIENTOS TREINTA Y SIETE.
Auto de oficio y Caveza de prosseso. En la villa de Castilleja de la Cuesta en dies y nuebe días del mes de Jullio de mil setesientos treinta y siete años el Señor Cristobal de Aguilar, teniente de Governador de esta dicha Villa dixo que aora que serían las nuebe de la noche a corta diferencia se le ha dado noticia que en la Calle Real al sitio de la Carnicería en el Señoría antiguo ha sucedido una questión y pendencia de que ha resultado herido Francisco Rodriguez, y para averiguar la verdad y castigar a los que resultaren culpados su merced mandó hacer e hizo este auto de oficio y cabesa de proceso, y que a su tenor se examinen los testigos y se hagan las demás diligencias necesarias, las que dixo estaba prompto a practicarlas por sí y por este su auto; así lo proveyó y señalo con la señal que acostumbra. Señal + del Señor Theniente. Geronimo Lopez Lozano.
Dilixencia. E luego inconti su merced el señor Cristobal de Aguilar, teniente Governador de esta villa acompañado del presente escribano, de Diego de la Palma, Alguacil mayor, y Pedro Moreno de Castro, Alguacil menor, pasó a las casas en que vive Francisco Rodriguez, que son en la Calle Real de esta Villa, y aviendo preguntado por él fue su merced informado de cómo estaba herido en la cabesa, y que antodabía no se le avía hecho curación alguna, por lo qual su merced mandó que el dicho Pedro Moreno pase de orden de su merced en solicitud de Don Manuel Pizaño, maestro Cirujano de esta Villa, para que haga la curación necesaria y declare ante su merced la gravedad de la herida, y asimismo se le reciva declaración al dicho Francisco Rodriguez para que declare quien le hirió y porqué causa y con qué instrumento, y fecha que sea se le notifique si se quiere querellar del sugeto o sugetos que le han herido; su merced está prompto a admitir dicha querella y a administrarle Justicia, y para que conste su merced mandó ponerlo por diligencia que señaló, de que doi fe. Señal + del Señor Theniente. Geronimo Lopez Losano.
En cierta manera contagiadas del sentimiento popular de pérdida irreparable, de tragedia social y económica que significaba un altercado que podía paralizar la producción de tan preciado alimento básico, las autoridades dedicaron las últimas horas del día a dictar y redactar autos y diligencias. Moviéronse los recaderos de calle en calle y de casa en casa llevando y trayendo mensajes y citaciones.
También pesaba para dichas autoridades el hecho incuestionable que a lo largo de la historia repetíase con harta y pesadumbrosa insistencia: las más sangrientas revueltas y los más arrasadores motines se habían debido a la escasez del referido alimento, como si los fundamentos de la existencia humana en el mundo occidental estuvieran incardinados en aquella masa de harina de trigo cocida al fuego.
jueves, 9 de octubre de 2008
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