jueves, 16 de octubre de 2008

Documentación (38)

El último en hacer su confesión fue Juan Delgado. Nunca supo a ciencia cierta si era el padre de la criatura de Juana Caro. Se sospechaba, con total fundamento, que la mujer del panadero había tenido más de una aventurilla, incluso con mozos empleados de su marido, uno de los cuales intimó con Juan hasta el punto de contarle detalles que él mismo conocía a la perfección por su propia experiencia con la ardorosa tahonera; pudo de esta manera —aunque no le faltaron otras— cerciorarse de la promiscuidad de su antigua amante.

Ottra, de Juan Delgado. E luego Yncontinenti estando en la dicha Cársel dicho Señor Theniente hiso parecer ante sí a un hombre preso por estta causa, del qual por ante mí el escrivano resivió Juramento a Dios y a una Cruz en forma de derecho, y lo hiso y prometió desir Verdad de lo que supiere y le fuere preguntado, y siéndolo por las preguntas siguientes dió sus respuestas.
Preguntado diga y confiese cómo se llama, que edad y oficio tiene, y de dónde es Vezino, dijo que se llama Juan Delgado, y que es vezino de esta villa, de ejercicio panadero, y que es de edad de veinte y ocho años, y responde.
Preguntado diga y confiese si save el motibo de su prisión, dijo que ignora el motibo, por no haver dado causa alguna para su prisión, pues aunque es verdad que en la pendencia que en la noche del día dies y nuebe del corriente hubo entre Francisco Clementes Rodriguez y su hermano Sevastian Delgado, el confesante salió de las casas de Alonso Martin Basquez su Vezino, y vio y oyo voces de pendencia y conosió en la vos al dicho su hermano, no hiso otra cosa que llegar después de dicha questión, quando ya los havían separado, y cojer a su hermano por un braso y llevárselo a sus casas, y estto responde.
Repreguntado cómo dice no se halló en dicha pendencia y que llega después de esttar finalizada, siendo así que desde luego se halló en dicha questión y fue menester retirarlo así por la gente que se halló a meter paz, como por Francisco Rodriguez, y en el principio de dicha pendencia le tiró el que confiesa a Francisco Clemente una hogaza de pan, diga y confiese la Verdad, dijo que lo que deja dicho en respuestta de la pregunta antezedente es lo ciertto, y lo demás del cargo que se le haze es incierto, porque el confesante no se halló en la dicha pendencia, ni tiró tal hogaza de pan, ni menos vió al dicho Francisco Clemente, por tener las puertas de su casa cerradas quando llegó el confesante. Y aunque es verdad que Francisco Rodriguez le dijo al enttrar en las casas del confesante: "hombre, yo nunca e sido contra tí, ni contra tu hermano", a quien respondió el que confiesa: "vaia vuestra merced con Dios, que ya esto se acabó", y estto es la Verdad, y responde.
Preguntado diga y confiese cómo es Verdad que Francisco Rodriguez salió herido de dicha pendencia por haverse introducido a meter paz, declare quién lo hirió, con qué armas y porqué motibo, dijo que no save quién hirió al dicho Francisco Rodriguez, ni tampoco lo a oído decir, sí sólo lo que ha oído decir es que entre todos los que metían paz y los dos que reñían a golpes se metió el dicho Francisco Rodriguez solicitando apartarlos, y que en la ocazión le hirieron una tan corta herida que no le a impedido el solicitar su travajo para adquirir su manutensión, ni fue capaz de punto alguno, por lo que infiere el confesante sería algún codaso por no haver visto ni oído decir que hubiere armas, palo ni piedras, y aunque oió decir que Francisco Clemente sacó una pesa para darle a su hermano, y que ésta en el fin de dicha pendencia la hallaron en las de su hermano Sevastian, no infiere que dicha herida se originaría de golpe que le darían con dicha pesa, porque de haver sido así la herida, por corta fuerza que llevase la mano que la ocasionó, hubiera sido de cuidado, y responde, y que lo que lleva dicho es la Verdad so cargo de su Juramento; no firmó porque dijo no saver, y dicho Señor Theniente lo señaló y mandó que por aora se quede en este estado esta confesión, para proseguir en ella cada que combenga. Señal + del Señor Theniente. Geronimo Lopez Losano.


Juan observó al hombre al que había engañado con su esposa. Lo observaba a veces mirándolo a los ojos, a veces disimuladamente, durante los siete días que llevaban en la cárcel, y en ningún momento sintió conmiseración por él, por su aspecto triste y ausente, por sus ojos plomizos, cansados y apagados. Lo tuvo enfrente en la celda, en las interminables noches atados con cadenas, todas y cada una de las horas de aquella larga semana y pensó cien mil cosas de cuanto había vivido desde que llegó al pueblecito. Hablaron poco los dos hermanos, y mucho menos con Francisco Clemente, que se había encerrado herméticamente en sí, como para protegerse del otro encierro físico que sufría.

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Los olvidados, 12q.

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