Manuel Beltrán vio a su perra atemorizada en una esquina a la vez que el alguacil Diego de la Palma lo apuntaba con su vara y le instaba con atronadora voz a que se quedase quieto. Obedeció sin rechistar. Fue conducido a la cárcel; a las dos horas llegó un padre franciscano con un plato de cocido de verduras y un pedazo de pan. Estaba muy preocupado por su familia en Triana, y por su Anguila y su mula, y el religioso lo tranquilizó, asegurándole que todo iría bien. Rezaron juntos unos minutos, y se confesó. Por la claraboya entraba a raudales la luz de la luna, purísima y fría, que iluminaba el lóbrego recinto como si acabara de amanecer. Parecía blanquear hasta las palabras del fraile. Los montones de pescado desechado en la trianera calle Betis servían a los muchachillos para hacerse disfraces de una fosforescencia terrorífica, que amedrentaba por la noche; se untaban trozos de peces podridos en cara, tronco y brazos cobrando así una apariencia fantasmagórica de resucitados. Manuel, mirando la cara del franciscano en la celda recordó aquellos felices días.
En lo alto la luna llena espantada de las miserias del mundo se deslizaba por el cielo triste de luto.
Declarazión de Juan de Cabrera. En la Villa de Castilleja de la Cuesta en el dicho día, mes y año dichos [miércoles 12 de junio], el referido Señor Cristoval de Aguilar, Theniente de Governador de esta dicha villa, acompañado de mí el presente escrivano de Su Majestad, y de Pedro Moreno, Alguacil menor, pasó a las Casas de Juan Cabrera, al qual halló Su Merced en un quartto de ellas, en una cama, y haviendole Su Merced por ante mí, resivido Juramento a Dios y a una Cruz según forma de derecho, y haviéndolo hecho el dicho Juan de Cabrera, ofreció decir Verdad en lo que supiese y le fuere preguntado, y siéndole diga y declare quanttas heridas tiene, quién se las dió, y por qué causa, y en qué sitio, y quiés estava presentte: dijo que en el día de ayer iba el declarantte con su suegro Miguel Montaño por la Calle Real abajo camino de Sevilla, y que llegando al sitio en que está la hazienda que llaman de Amaya, se encontraron con Manuel Beltrán, vezino de Sevilla en Triana y harriero de vinos, y haviéndole saludado se pusieron a hablar todos ttres, y que el dicho Manuel Beltrán le dijo al referido Miguel Montaño si le havía desocupado la Casa, y el referido le sattisfiso con decirle: "ya lo estava", a que replicó el dicho Beltrán: "pues déme vuestra merced las llaves", y le fue respondido por el dicho Montaño no tenía algunas que enttregarle, porque la puertta de la Calle nunca la havía tenido, y que él se havia valido en el tiempo que la havía vivido de un candado, que era suyo propio, lo que contesttó el que declara, y le respondió el dicho Beltrán que él qué se metía en lo que estavan hablando, a lo que le sattisfiso el declarante con buenas razones, y Beltrán le dijo dos o tres beces que no se metiera en lo escusado, con cuio motibo se iban enrredando las razones, las que dirigió siempre el dicho Beltrán a quimera, y haviéndose metido de por medio el dicho Miguel Monttaño, y finalisándose por enttonses la quimera, se despidieron unos de ottros, y cada uno tomó por su camino, pero al tiempo de retirarse el dicho Manuel Beltrán dijo en voz altta: "que este pícaro, hablador, haragán, se quiera metter en ttodo", entonces el que declara le dijo que hablara bien si savía, y que si no le enseñaría el que declara, y Yéndose el uno para el otro se dieron algunos golpez con las manos, y haviéndose metido de por medio así el dicho Miguel Monttaño, como uno de Sevilla a quien no conoció que en la ocazión pasava en un Cavallo, los dividieron y haviendo reparado el declarantte en la mano isquierda se halló en la muñeca sobre el güeso de la Palma una herida, por lo que se retiró hacia su casa a curarse, y encontrando a las puerttas de su Casa al Alguazil mayor, le requirió diciendo: "aquel hombre que va allí, que es Manuel Beltrán, me a herido", y que el que declara no vió ottra alguna persona que se hallara presente a lo que deja referido; que todo dijo ser la Verdad so cargo de su Juramento; lo firmó y que es de edad de más de treintta años, y dicho Señor Theniente lo señaló. Señal + del Señor Theniente. Juan Cabrera. Geronimo Lopez Lozano.
Auto. En la Villa de Castilleja de la Cuesta en el dicho día, mes y año dichos, el Señor Cristoval de Aguilar, Theniente de Governador de esta villa, haviéndo vistto la declarazión antezedente: mandó se le notifique al dicho Juan de Cabrera si se quiere querellar del dicho Manuel Beltrán lo haga, que Su Merced está pronto a oirle y guardarle Justicia, y que se cure con el dicho Don Manuel Pizaño, maestro de Cirujano de esta villa, y que guarde la dietta que le fuere dada con apersivimientto que los riesgos que se le ocasionaren por razón de dicha herida haciendo lo contrario serán de su quenta y riesgo; Y asimismo mandó se le notifique tenga sus Casas por Cársel por aora, cuia Carcelería no quebrante aunque se mejore pena de Veinte Ducados; Y por este su autto así lo probeyó, mandó y señaló con la señal que acostumbra. Señal + del Señor Theniente. Geronimo Lopez Lozano.
Notificación. E luego Yncontinenti Yo el escrivano notifiqué lo conttenido en el autto antezedente según y como en él se contiene a don Juan de Cabrera, que enterado de su conttenido dijo que no tenía cosa alguna que pedir conttra el referido Manuel Beltrán1, Y que la causa Su Merced la siga de oficio; y que en lo demás está pronto a cumplir con lo que por dicho auto se le manda, y esto respondió, y firmó, de que doy fee. Juan Cabrera. Geronimo Lopez Lozano.
(1) No era el gesto de perdón dictado por un alma noble. Ni siquiera el signo impotente de quien no está sobrado de recursos económicos para malgastarlos en juicios. Era, sencillamente, que Juan de Cabrera no confiaba en la justicia que administraba el disoluto Teniente de Gobernador Cristobal de Aguilar.
lunes, 6 de octubre de 2008
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2 comentarios:
Claro, era la desconfianza más total.
vuelvo, querido Antonio, para seguir leyéndote.
Barajo seriamente la posibilidad de crear una editorial, tengo una amiga que creó una y me dijo que es un poco lío, pero no tan caro.
Con un poco de suerte , publicaremos "Historia novelada de Castilleja" en un par de años.
Ya lo se´.
Me encanta soñar.
Un beso enorme.
Si me hubieras cogido en mis buenos tiempos, cuando alternaba con la bohemia sevillana de escritores incipientes (novelistas, poetas, ensayistas) seguro que habríamos llegado a hacer algo.
Sigamos soñando, en tu Tierra o en la mía.
Un abrazo.
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