martes, 14 de octubre de 2008

Documentación (36)

Como si las inclemencias del tiempo y de los hongos e insectos se hubieran organizado en colaboracion altruista para borrar de la Historia el acta de un matrimonio que a los pocos días se convirtió en una vergonzosa situación entre la hipocresía y el desprecio, la partida de casamiento de Francisco Clemente Rodriguez de la Palma y de Juana Caro es apenas legible, en una mitad tan roida y reseca que se desmenuza entre los dedos y en la otra nublada de manchas de humedad. Añádasele que fue escrita con una tinta o de muy mala calidad o en exceso aguada, puro barro, y las pocas palabras que quedaron intactas son ahora tan tenues que exigen esfuerzos máximos de la vista y la imaginación para interpretarlas. Se casaron un domingo, el 17 de marzo de 1720, en la Iglesia de la parroquia de Santiago, oficiando la ceremonia don Pedro Fernandez Villegas, cura vicario de la villa, y actuando de testigos Cristobal de Aguilar —el que ahora ha encarcelado a aquel novio entonces ilusionado y feliz—, y un don Juan Francisco —de quien no podemos leer los apellidos—.
Juana Caro pertenecía a la familia de los carreteros Agustin y Sebastian, que abren esta crónica de Castilleja en sus primeros capítulos titulados "Las Escaleras".
Más suerte tenemos con la partida de bautismo del primer hijo del desgraciado matrimonio, una niña que, para más inri de la pareja, nació muy enferma:

En Sábado 2 de Mayo de 1722 años yo, Don Pedro Fernandez de Villegas, Cura Vicario de esta villa de Castillexa de la Cuesta Baptisé y puse los Ssantos óleos a Jacoba Micaela Ana, hija de Francisco de la Palma y de Juana Caro; fue su Padrino Domingo Aparicio1, Moso soltero, a el cual le adbertí el parentesco espiritual y demás obligaciones, en fee de lo cual lo firmé en dicho día, mes y año dichos. Don Pedro Fernadez de Villegas.

1.- Que era por esta fecha, con toda probabilidad, uno de los empleados de la panadería, aunque luego cambió de oficio. Disponemos de su partida de defunción, en la parroquia de Santiago: sábado 18 de febrero de 1736, Domingo Aparicio, de nación gallego y vecino de ésta, y hortelano de la huerta de la Señora Condesa de Lebrija; testó ante Fernando Agustín Bernal. Asistió a su entierro la comunidad de religiosos de San Francisco de esta villa.

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Continuamos con los interrogatorios en la cárcel pública. El mismo domingo 27 declaró también el marido engañado:

Otra, de Francisco Clemente Rodriguez. En la Villa de Casttilleja de la Cuestta en veinte y siette de Jullio de mill settezientos treintta y siette años dicho Señor Thenientte de Governador, en cumplimiento de su autto y estando en la Cársel pública de esta dicha villa, y para efectto de tomarle su confesión hiso parecer antte sí a un hombre presso por esta causa, del qual por antte mí el escrivano resivió Juramento a Dios y a una Cruz según forma de derecho, y haviéndolo hecho prometió decir Verdad de lo que supiere y fuere preguntado, Y siéndolo por las preguntas siguientes, dio sus respuestas.
Preguntado diga y confiese cómo se llama, que edad y oficio tiene, y de dónde es Vezino, dijo que se llama Francisco Clemente Rodriguez de la Palma, y que es Vezino y de ejercicio panadero en esta dicha villa, y que es de edad de quarentta y ocho años, y responde.
Preguntado diga y confiesse si save el motibo de su prisión, dijo que el motibo de su prisión fue por haber tenido pendencia con los Delgados, panaderos de esta villa, y responde.
Preguntado diga y confiese cómo es Verdad que estando el confesante en sus casas entró en ellas Sevastian Delgado con unas hogazas de pan en la mano, y le dijo que le repesase su pan a ver si estava faltto; y el confesantte le respondió que era un pícaro desvergonzado, por cuia razón se originó la questión, diga y confiese la Verdad; a estta pregunta dijo que es ciertto que esttando el confesante empesando a pesar su pan para coserlo, le dijo su mujer nombrada Juana Caro, que casualmente havían pesado una hogaza de pan de Sevastian Delgado, y que el moso del que confiesa, llamado Juan Basquez, la havía hallado faltta, lo qual oído por el confesante reprehendió a su mujer que no bolbiese a ejecutar tal cosa, en cuia rasón entró Sevastian Delgado con quatro o sinco hogazas de pan, diciendo que allí estava su pan, que se lo pesasen, que para pícaras desbergonzadas havía cuchillos para corttarles la cara. Entonces le dijo el que confiesa que era un pícaro deslenguado, que cómo en su presencia tenía atrevimiento de hablar así a su mujer, por lo que el dicho Sevastian Delgado le tiró al confesante una hogaza de pan, y queriendo asegundarle con ottra el que confiesa tomó una pesa y se fue para el dicho Delgado hasta que luchando a brazo partido le quitó el dicho Sevastian la pesa, y haviendo acudido mucha gente que no hase memoria quiénes eran los separaron, y al tiempo que sacaban al dicho Sevastian de las Casas del que confiesa, su hermano Juan Delgado le tiró otra hogaza de pan, hastta cuia ocasión no havía visto el que confiesa al dicho Juan Delgado, y responde.
Preguntado diga y confiese quién hirió a Francisco Rodriguez, con qué instrumento y porqué causa, dijo que no save quién lo hirió, ni menos vió el confesante al dicho Francisco Rodriguez, y estto es la Verdad, y responde.
Preguntado cómo dise que no vió al dicho Francisco Rodriguez, siendo así que fue uno de los que se asercaron a solicitar el ponerlos en paz, en cuia ocasión le dieron un golpe en la Caveza de que resultó herido, diga y confiese la Verdad, dijo que niega lo que la pregunta contiene, porque como deja dicho el confesante, no vió al dicho Francisco Rodriguez, ni después a oído decir quién le hirió, y que todo lo que lleva dicho en sus respuestas es la Verdad para el Juramento que deja fecho. No firmó porque dijo no saver, y su merced lo señaló y mandó que por aora esta confesión se quede en este estado, para proseguirla cada que combenga. Señal + del Señor Theniente. Geronimo Lopez Lozano.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Antonio, te leo antes de acostarme.
Voy atrasada y estoy pensando imprimirlo para ir más ligera, porque los libros los leo más rápido.
En la Villa de Montequinto, la llamada Reyes de Vaccaro y Jiménez, de edad dice treinta y nueve , cuasi ciega y más bien bizca, con todo amor para el caballero escribiente, un ósculo sin trampa.

Antonio dijo...

Venga ese ósculo, que sé que es sincero.

Y tranquila, que llevo copia de seguridad del blog; la gran —y definitiva— obra sobre Castilleja siempre estará a tu disposición, aunque salga ardiendo Internet para los restos.

Abrazos.

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...