martes, 15 de julio de 2008

Territorio y fronteras (XIV)

El Abad de Olivares había cursado a Don Miguel tajante orden de prisión e inapelable embargo contra fray Sebastián de Castro y, por obedecerlo, organizó la captura en la puerta del convento que ya hemos referido.
En la segunda versión de los hechos hay, además de las que ya hemos indicado, otras sustanciales diferencias con la primera; siendo así que según ella el cura de Castilleja y sus acompañantes actuaron con toda corrección, moderación, respeto y cortesía, enarbolando la pacífica bandera alba del diálogo neutral; fueron los frailes, casi toda la comunidad organizada en tumulto y armada con palos, quienes respondiendo desaforadamente iniciaron la batalla.
Cierto es que salieron a relucir dagas, almaradas y hasta dos pistolas que, dicen, un caballero usó: probablemente el señor Oyega, cuya rancia hidalguía vasca aparejaba, consustancial a ella, un afán de coleccionista de cosas raras heredado de sus mayores, por lo que no era extraño que poseyese los dos viejos pistolones de chispa que constaban en las declaraciones de los testigos, entre quienes más de uno afirmaba incluso que fueron disparados.
Nuestro vicario

"...recibió tantos [palos] que, según consta de la declaración y diligencia del cirujano que le registró, sacó en el brazo derecho cinco cardenales y en dos de ellos quasi rebentada la sangre, en la espalda otro del tamaño de una escudilla basta y un tumor en la cabeza del de un huevo mediano de gallina, a lo que dice aplicó diferentes medicinas y le dispuso sangrar, Y otro religioso, furiosamente atrevido, tiraba de él por la garganta con una mano y con la otra le tapaba la respiración, que, a no haverlo socorrido, fuera fácil haverlo ahogado, y todos clamaban porque se prendiesse al vicario, acompañando estos hechos con palabras tan injuriosas que no quedaron las de mayor deshonor que no dixessen a aquellos pobres hombres y al notario."

Por su parte y para terminar, los frailes, sintiéndose agraviados, consiguieron un auto de prisión contra el vicario y su compañeros, pero no se pudo ejecutar porque el Asistente de Sevilla se negó a suministrarles soldados de caballería, la Audiencia hizo lo mismo con sus agentes civiles, e incluso el ministro Patiño, al que al final habían recurrido los franciscanos, les declaró que no podía hacer nada porque aquel asunto caía fuera de su competencia.

Como conclusión podemos detenernos para observar la versatilidad en la relaciones cura párroco-justicias castillejanas; si dos años antes se enfrentaban en la Plaza por un preso que no quería testificar, ahora actuaban como uña y carne para defender el interés de todos. En el plano público a lo largo de la Historia las personalidades nos enseñan que esgrimir el toma y daca diplomático no tiene por qué ser vergonzante, y que la capacidad de un buen político estriba en saber relegar sus personales intereses en pos de la obtención de beneficios generales. Elasticidad. Estómago. En cierta forma, falta de escrúpulos. Solo progresan los de alma artista, los hábiles en el disimulo, los capaces de interpretar cualquier papel en el gran teatro. En caso contrario se está llamado al fracaso, al hundimiento. Encontramos un antecedente de estas actuaciones de "tira y afloja" en aquel Abad de Olivares que el 25 de agosto de 1653 tomó posesión de la Iglesia de la Calle Real, como le pertenecía tras la venta de dicha Calle por Felipe IV, más de veinticinco años antes, al Conde de Olivares y Duque de Sanlúcar la Mayor. Considérese como ejemplo de la política a que nos veníamos refiriendo que dicho Abad siguió nombrando franciscanos del convento de Castilleja para cubrir el puesto de vicario en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción callerealenga, sin repugnarle, mientras hicieran el juego convenido, que fueran partidarios del Arzobispo y por ello enemigos de su protector el Conde.

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Los olvidados, 12q.

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