Lo que allí ocurrió tras la voz de "¡¡al ataqueee!!" del cura constará para siempre en las crónicas castillejeras de los hechos vergonzantes: como aves de rapiña que se lanzan vertiginosas sobre la desconfiada cabra distraída por las sombras de las nubes varios individuos se abalanzaron sobre el religioso; tan de sorpresa le cogió el inesperado asalto que gritaba fuera de sí, pensando que estaba a merced de una tropa de judíos:
—¡¡Viva Cristooo Reeey ... viva Cristooo Reeey!!!
Muchos pares de manos lo asieron con fuerza de sus ropas y a tirones, medio a rastras, lo llevaban hacia la cercana Cárcel Pública mientras con voces roncas, ahogadas por el odio, lo adjetivaban de ladrón, profanador y sacrílego sin cuidado de sus gritos, no menos agudos que los que profieren los cerdos al ser sacrificados en San Martín; chillidos a los que acudieron en tropel los hermanos que quedaban en el interior del cenobio, formando en la puerta un tapón de arrugada estameña parda por ver quién salía el primero a socorrerlo. Medio deshollado por los toscos bastidores aquel batallón de barbas, panzas y calvas que intentaba a tirones y contratirones recuperar de las zarpas seculares a su grueso y horrorizado miembro tuvo la virtud de empeorar la situación, por cuanto un Regidor, el que más se había empleado en la captura y que tenía a su rolliza presa agarrada por las barbas, vióse obligado ante los mohicones, bocados y patadas de los religiosos a sacar amenazante su cuchillo de horqueta, lanzando tajos hacia las caras desencajadas de los de Asis, que a saltos inverosímiles retrocedieron. El sacerdote y predicador Padre fray Juan de San Miguel, hombre en todas ocasiones —menos en ésta— de irreductible pacifismo, se dirigió trémulo y escandalizado a él agitando los brazos en cruz:
—¡Tente, hombre!...¿qué haces?...¿qué haces?
Y el Regidor, rojo por la ira y la violencia del esfuerzo le conminaba apuntándole al rostro con la cercenadera:
—¡Quítese, padre, que si no lo he de matar!
Y en éstas acudió otro franciscano, con cuya ayuda, uno agarrándole el brazo y otro forcejeando por abrirle el puño, lograron desarmar al violento Regidor, no sin que fray Juan de San Miguel sufriese un feo corte en los pulpejos de la palma de la mano, que no le impidió coger el cuchillo y guardárselo bajo el hábito. Al parecer luego se le caería al suelo y, por extraño que parezca, nunca más se encontró.Y de nuevo como un enjambre de abejas enfurecidas zumbando ensordecedoras los franciscanos se apiñaron sobre el preso y los apresadores, los puños y sandalias por delante de las amenazas, blasfemias e imprecaciones.
Mientras, en auxilio del Regidor, que a pesar de estar desarmado y bajo los golpes del torbellino de frailes no soltaba al barbudo fray Sebastián, un vecino del partido del vicario entró en el pelotón de personas blandiendo una almarada y exigiendo que dejasen prender a fray Sebastián mientras que al otro bando se agregó el religioso portero empuñando una enorme y pesada llave de hierro —la del portón principal— con la que repartía porrazos a bulto.
En el interior del monasterio había una muchedumbre de cristianos, muchos venidos de muy lejos, que aunque tardos en reaccionar, tuvieron su parte importante en el conflicto.
5 comentarios:
Qué novelesco, casi no parece real...
querido Antonio, apuro mis últimos días de trabajo mañanero,
dentro de poco me iré de vacaciones,
si la invitación sigue en pie podríamos tomar un café y charlar diez minutos en algún sitio de Castilleja, ya te aviso de que sólo conozco la parte del pueblo que atraviesa la carretera dirección al cruce de Gines y bormujos,aunque a veces también he estado en Nueva Sevilla...
no sé si esto te viene bien o mal.
Si lo prefieres puedes ecribirme al email , que aparece en el perfil, para concretar.
Saludos.
Precisamente vivo a un paso del cruce ese que dices, el de Gines-Bormujos (una rotonda con una fuente grande en el centro).
Te llevaré a la inmediata Hacienda de San Ignacio, que describo en las primeras entradas. O mejor, donde tú prefieras.
Un abrazo.
Llevo días con curiosidad por ver la perrera pero nada, ¿que tendrás ahí escondido?
Me atrevo a escribirte algo porque vengo con unas copas del Moe
Saludos
Ja ja ja, tengo mucha sangre valverdeña como para no agradecerte sinceramente esta visita; además sigo tu blog con interés.
Te abro La Perrera de inmediato, no sin antes tranquilizarte. El perro no muerde. Le acabo de dar un paseo y ahora está haciendo balance de lo visto y olfateado.
La próxima vez que nos veamos en el Moe invito.
Hasta pronto.
Yo tampoco puedo ver la perrera , me dice que me tenías que invitar , y como no hay confianza, pues no quise pedirte la tarjeta vip virtual, pero si algún día consideras oportuno que pueda asomarme , pues eso.
Y mientras tanto, si en la Hacienda ésa se puede tomar un café , podríamos vernos el miércoles sobre las 10 de la mañana a los pies de la virgen ésa de la rotonda?'
Bueno, mejor en el buzón de correos, que me da menos cosa.
luego tengo que seguir para Valencina.
Ya me dirás.
Saludos.
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