domingo, 21 de julio de 2019
Historia de los apellidos, 20b.
Es interesante, o al menos curioso, que el padre de fray Antonio Vázquez de Espinosa figure de fedatario en un documento que la familia Arguijo otorgó en Castilleja de la Cuesta recién estrenado el siglo XVII, en el cual aparece el celebérrimo poeta Juan de Arguijo:
Don García de Arguijo, vecino de Sevilla, por sí y en nombre de doña Catalina de Arguijo, doncella su hermana, con su poder que pasó en la ciudad de Granada en 20 de septiembre de 1596 ante el escribano Gonzalo Fernández ¿Segado?, como hijos que son del licenciado Diego de Arguijo y de doña Gerónima Duque de Estrada, difuntos que Dios haya, vecina dicha doña Catalina de Arguijo en dicha ciudad de Granada en la collación de Santa Escolástica, mayor de 25 años y libre para contratar, quien dice en dicho poder que en un codicilo que otorgó su tío Gaspar de Arguijo, vecino de Sevilla, bajo el que falleció, por virtud de los poderes recibidos que para ello tenía nombraba al dicho don García de Arguijo por Almirante de la Mar, con facultad para que goce de los aprovechamientos de este oficio durante las vidas del Conde de Melgar y de don Juan de Arguijo, hijos ambos del dicho don Gaspar de Arguijo (1), y que cobre cada año 984.385 maravedíes de renta durante las dichas dos vidas, y que goce dicho su hermano del oficio de Veinticuatro de Sevilla, que es del Sr. Almirante de Castilla, y dicho nombramiento lo hizo su tío don Gaspar de Arguijo con cargo de que le dé a ella, doña Catalina, cada año 600 ducados durante las dichas dos vidas, y otras cosas que constan en dicho codicilo que don Gaspar otorgó ante Marcos del Castillo, escribano público de Sevilla, en 3 de mayo de 1594, según el cual dicho su hermano usó y usa los dos títulos y cobró y cobra la dicha renta, y le paga de lo uno y de lo otro los dichos 600 ducados, y ahora ella y el dicho su hermano don García de Arguijo están de acuerdo en vender por el tiempo de las dichas dos vidas el cargo de Almirante y la dicha renta, y del precio que por ello dieren le satisfagan a ella lo que ha de haber por los dichos 600 ducados, y para que haga efecto de todo, que ella confiesa que le es más provechoso que de la otra forma, otorga poder cumplido al dicho don García de Arguijo su hermano, vecino y Veinticuatro de Sevilla para que, del dicho oficio de Almirante, y de los dichos 984.385 maravedíes de renta, y de lo demás de que le hizo traspaso don Gaspar de Arguijo, y de lo que omitió, y de la renta de los 600 ducados que a ella le paga, pueda venderlos, traspasarlos o enajenarlos al precio que a él le parezca, renunciando ella a todos sus derechos. Y ambos se obligan al cumplimiento de lo dicho. Dado en la ciudad de Granada, fecha ut supra. Testigos, Juan López ¿Cabeyn? y don Juan del Orte, criados de la otorgante doña Catalina de Arguijo y vecinos de Granada, quienes juraron ser ella quien es, y Juan de Valverde, estantes en el monasterio de Santa Isabel de las monjas de dicha ciudad de Granada, y ante el escribano del Rey Gonzalo Fernández Segado, vecino de Granada.
Y usando dicho poder, don García de Arguijo otorga que lo sustituye en el maestro Cristóbal de Ábalos, vecino de Sevilla, para que por él y su hermana pueda alzar y quitar y pedir que alcen y quiten en cualquier embargo que hubieren hecho a Luis de Cuenca, vecino de Granada, a pedimento de su dicha hermana doña Catalina de Arguijo, y para cobrar todos los maravedíes sobre ello una vez alzados y quitados los embargos, y para otorgar cartas de pago y seguir los pleitos que convengan. Dada esta carta de sustitución de poder en el Señorío de Castilleja de la Cuesta, estando en la Plazuela de las casas del Beneficiado (2), a 20 de marzo de 1601, siendo testigos Cristóbal Martín, Agustín de Castro Polaino y Juan Vázquez de Morón. El escribano del Concejo de Castilleja Diego García de Miranda dá fé que estas copias son auténticas.
Firma de don García de Arguijo.
(1) La lectura es clara, no parece errata: según ella el poeta Juan de Arguijo y el Conde de Melgar eran hermanos. Pero en ninguna de las múltiples y autorizadísimas biografías del primero ni del segundo se hace mención a este estrecho parentesco. El codicilo que la granadina doña Catalina de Arguijo dice que otorgó su tío Gaspar de Arguijo en Sevilla en 1594, cuando al V Conde de Melgar —Luis Enríquez de Cabrera, fallecido en 1596— le quedaban dos años de vida y a Juan de Arguijo (1567-1623) veintinueve, expresa con nitidez el referido parentesco: dice que ambos el conde y el poeta eran hijos de don Gaspar de Arguijo, tío de la referida granadina. Más no concuerda, dicho está, con que se conoce del condado de Melgar. El VIII conde de Melgar fue Juan Alfonso (u Alonso) Enríquez de Cabrera (Módica, 3 de marzo de 1600 - 6 de febrero de 1647) fue IX almirante de Castilla, V duque de Medina de Rioseco y como queda expresado VIII conde de Melgar. Perteneció al importante linaje de los Enríquez y fue también mayordomo mayor de Felipe IV. Heredó el mayorazgo con tres años de edad, por lo que su madre, Vittoria Colonna Henríquez-Cabrera, asumió la tutoría de la casa. Durante su señorío Felipe IV concedió el título de ciudad a su villa de Medina de Rioseco (1632).
(2) Absolutamente desconocida para mí esta Plazuela de las casas del Beneficiado, que probablemente se refiera al espacio que ya en el siglo XIX pasaría a llamarse Plaza de la Zarza, hoy calle Lepanto, linde con la Plaza de Santiago.
Don García de Arguijo, vecino de Sevilla en la collación de San Andrés, estando al presente en esta Villa de Castilleja de la Cuesta, da todo su poder a [su primo hermano] don Juan de Arguijo y a Jusepe de ¿Heredia?, vecino de Sevilla, para cobrar de cualquier persona que con derecho deban, ya sean recibidores, tesoreros, depositarios, etc., cualquier cantidad de maravedíes, trigo, cebada, plata, gallinas, juros corridos y que corrieren, y todo cuanto a él deban, y para seguir las diligencias judiciales que convengan. Dado en casa de Diego García de Miranda, escribano público y del Concejo de esta Villa, a 31 de enero de 1601, siendo testigos Francisco Velázquez, vecino de Sevilla, y Juan de Miranda.
Como quiera que esta serie de entradas está dedicada a la Hacienda de San Ignacio, —una de las temporalidades del Colegio de San Hermenegildo de la Compañía de Jesús—, no está de más que dejemos ahora, a rebufo del poeta Juan de Arguijo, unas notas sobre su relación con los jesuitas. Nos cuenta Stanko B. Vranich en El negociante tinerfeño Gaspar de Arguijo (1532-1594). Historia de un éxito. "Por aquel entonces [1565] Gaspar de Arguijo era dueño de al menos tres naves y quizá haya hecho el viaje en una de ellas. A poco de situarse en Sevilla se dirige a Cádiz en uno de sus navíos, llamado Santiago. Había concebido el plan de meterse de lleno en el lucrativo y arriesgado negocio de transporte de esclavos negros. Apresta uno de sus barcos, contrata piloto y tripulación y les da las instrucciones para el viaje a los ríos de Guinea de la costa occidental para «resgatar» esclavos negros.
En nueve días del mes de setiembre de mil y quinientos y sesenta y siete años bautizé yo, Juan de García, cura de la yglesia del señor San Andrés, a Juan, hijo de Gaspar de Arguixo [y] de su muguer lijítima doña Petronila: fue su padrino Esteban Pérez vezino de la collación de la Madalena; fuele amonestado lo que manda el sacro consilio, en fe de lo qual lo firmé de mi nombre. Fecho vt. supra. Juan García. [...]
Llevaba la familia de Arguijo seis años viviendo en la casa alquilada de la calle Real, cuando se anunció una almoneda pública de unas casas en el barrio de don Pedro Ponce, junto a la Plaza de la Encarnación. Gaspar acude a la subasta el 24 de septiembre de 1574 y las adquiere en 9.000 ducados. Las vendía Gaspar de Peralta, quien hacía dos años las había comprado por 10.000 ducados. Esa pérdida de mil ducados en la época de subida de precios, sobre todo de los bienes raíces, a causa del auge demográfico que experimentaba Sevilla, resultó sospechoso. En efecto, las casas no pertenecían a Peralta, sino a su cuñado, el mariscal Miguel de Castellanos, Tesorero del Río de la Hacha, cuyas relaciones con el gran enemigo de España, el pirata inglés Juan Aquines (John Hawkins), le acarreó proceso, destitución de cargo, prisiones y finalmente confiscaciones de bienes y una multa de 20.000.000 rnrs. De ahí el carácter apremiante de la venta de que se aprovechó el astuto tinerfeño.
De la categoría de la casa y su tamaño el expediente de venta nos da una idea bastante clara :
«unas casas principales con su recibimiento, aposento y servicio de criados y patio y salas altas y bajas y corredores y huerta y con su agua de pie y pilas que le pertenecen, que es una paja de agua de la que viene por los caños de Carmona a esta dicha ciudad, y con todo lo demás a las dichas casas anexo y perteneciente y con una casilla pequeña que sale de ellas; y tiene su puerta a la calle.
La descripción de donde estaban nos permite situarlas perfectamente: «[la casilla pequeña] sale frontera del colegio de la Compañía del Nombre de Jesús», y los demás edificios dan de la una parte con casas de Melchor Maldonado de Saavedra, Veinte y cuatro de Sevilla, y de otra parte con casas de Mariana de Medina, mujer de Francisco de Burgos, difunto; y por delante la calle Real, que va de la Compañía a la calle de la Venera, y la puerta de la casilla pequeña sale frontera de la puerta de la que ahora es iglesia de la dicha Compañía».
Uno de los párrafos finales del expediente de venta autoriza a Arguijo a «tomar la posesión de Ias dichas casas y lanzar de ellas a cualquier personas o bienes que las tienen y ocupan»
Aquello debía de tener mejor arreglo en aquel entonces que hoy en día, pues ya para noviembre de 1575, por una escritura que suscribe Gaspar, figura como «vecino de San Andrés», collación de su nuevo domicilio.
A la muerte de Gaspar las heredaría su hijo, el poeta don Juan de Arguijo, quien efectuaría considerables mejoras, y los edificios llegarían a ver el siglo XX. Los derribaron en el año 1914, pero alcancé a conocer a una señora sevillana, hermana del canónigo don José Sebastián y Bandarán, quien me contó que de joven asistió a una fiesta en ellos y allí bailó. El hijo de Gaspar, que asistió al colegio de la Compañía, no tenia sino que cruzar la calle. Los Arguijo favorecieron mucho a dicha institución docente. El cronista jesuita Juan de Santibáñez, contemporáneo de don Juan, dice lo siguiente: "obligó mucho a esta casa Gaspar de Arguijo, caballero Veinticuatro de Sevilla, vecino y gran amigo nuestro .. Sobre las ordinarias limosnas de semana, mes y año añadía otras extraordinarias, ayudando a que hiciesen bien a aquella casa".
Para doña Petronila este sitio también debió de venirle de perlas, pues además de estar «en lo mejor y en medio de la ciudad, tenía al lado el templo de la Compañía. Santibáñez, que la conocería personalmente, asegura que era mujer de mucha oración, gran recogimiento, no gastando fuera de su casa más tiempo que el que daba a las asistencias de nuestro templo. Y cuando murió, allí la enterraron, junto a su mando e hijo.
[...] por una cédula real otorgada en Yelbes el 15 de diciembre de 1580 Gaspar de Arguijo fue nombrado «Tesorero de las Rentas Reales de las Yslas de Canaria, Tenerife y la Palma. . por dos vidas». Teniendo que nombrar dentro de un año a otra persona Arguijo señala a "don Juan Baptista de Arguijo, su único hijo que es ábil y suficiente y en quien concurren las calidades que se rrequieren".
Es la primera vez que aparece el nombre de Juan de Arguijo en los documentos notariales, otorgándole su padre este cargo y honor. No por mucho tiempo, sin embargo, porque al año siguiente «como padre legítimo administrador de don Juan Bautista de Arguixo [que] está debaxo de mi poderia paternal» (APS, Oficio 13, año 1582, lib. 3, fechado 19-XI-1582) elige en su lugar a un tal Llorente de Santo Antón, vecino de Sevilla. No hemos podido averiguar por qué tuvo que quitarle el nombramiento al hijo, aunque la edad pudo haber tenido algo que ver con ello: don Juan tenía poco más de catorce años. [...] Dos meses después de recibir su nombramiento de Tesorero Real de las Islas Canarias, Gaspar de Arguijo fue a Madrid donde contrató, por escritura pública del 18 de febrero de 1581, con el Duque de Medina de Rioseco y su hijo, el Conde de Melgar, lo que extractadamente copio a continuación : «Sepan quantos esta pública escriptura vieren como nos don Luis Enrríquez de Cabrera.. ., Almirante Mayor de Castilla, y... su hijo primogénito y subcesor en su casa de mayorazgo, rresidente de presente en la villa de Madrid, ... otorgamos y decimos: que por quanto oy, día de la fecha desta escritura, . . .bendimos a uos, Gaspar de Arguijo, vecino de la ciudad de Seuilla, que estáis presente, ... tres mill ducados de rrenta y censo en cada vn añó por dos bidas.. . por precio y quantía de beinte y un mill ducados que por ellos nos disteis y pagasteis ...; y entre otros bienes y rentas sobre que lo ympusimos y fundamos fue sobre los derechos que valiese el oficio de Almirante Mayor de mi, el dicho Duque Almirante, que se cobran en la dicha ciudad de Seuilla y en las de Jerez y Cádiz y billa del Puerto de Santa María».
[...] Mientras tanto, en el Cabildo Gaspar de Arguijo apoya la causa jesuita, juntándose en esto con tres partidarios suyos, el Asistente don Bernardino de Torres y Portugal, Conde del Villar de Don Pardo, cuyo hijo era jesuita, el Padre Gonzalo de Torres, y el influyente y rico Veinticuatro Melchor del Alcázar, quien también tenia a un hijo en la Compañía (el Padre Luis del Alcázar). Por aquellos años se funda el Colegio de San Hermenegildo, se establece la Casa Profesa, y se termina su espléndido templo (hoy la Iglesia de la Universidad). Todo esto costó muchísimo dinero. El Cabildo de Sevilla se mostró muy generoso, como muchos ciudadanos particulares, entre los cuales se distinguió Gaspar de Arguijo, quien fue de los principales acreedores.
[...] Las bodas de don Juan de Arguijo debieron de haber tenido lugar entre el 13 de septiembre de 1584 y el 30 de enero del año siguiente, cuando sacaron a nuestro joven poeta de su estudio en el jardín uniéndolo en lazo matrimonial con doña Sebastiana, quien sin duda era poco más o menos de la misma edad, unos diecisiete años. El 13 de septiembre es cuando las dos familias se reunen para redactar la carta de capitulación matrimonial en la cual Esteban Pérez, padre de doña Sebastiana, se obliga a darle en dote, luego que se desposare, 50.000 ducados de oros; y el 30 de enero del año siguiente es cuando se ven otra vez las dos familias, en la casa de Arguijo, para concluir el contrato.
[...] El 2 de mayo de 1594 cae enfermo Gaspar de Arguijo. Alrededor de su cama, tres médicos: Garcia de Salzedo Coronel, el doctor Francisco Sánchez de Oropesa y el doctor [Simón de] Tovar, las tres más grandes autoridades médicas de Sevilla por aquel entonces, todos autores de tratados
sobre la medicina".
Omnipresente durante estos años en las escrituras notariales del pueblo, Bernabé de Espinosa acapara mi interés por su apellido, coincidente con el de fray Antonio. Dejo una transcripción extractada de un documento que protagoniza Bernabé, en el cual además surge una María Vázquez interesante en cuanto a que una de las hermanas de fray Antonio Vázquez se llamaba también María —Ana María— tal y como relaciona su padre en el testamento que ya hemos visto. Aunque hay disparidades, porque fray Antonio solo tuvo dos —Sebastiana y la dicha Ana María— y en este documento se refieren tres, —María, Beatriz y otra avecindada en el lugar de Bormujos—, quiero dejarlo aquí como una pieza documental suelta que espero encaje en el rompecabezas que se va formando alrededor de Juan Vázquez de Morón y de su hijo el carmelita descalzo. Además es, independientemente, un testimonio sociológico de primer orden, como vamos a ver:
En el Señorío de Castilleja de la Cuesta en lunes 22 de mayo de 1606, ante el presente escribano y testigos pareció Juan Rodríguez Gordo [marido de Beatríz de la Cruz], vecino de esta dicha Villa, y dijo que por cuanto él se querelló criminalmente de Bernabé de Espinosa, Alguacil Mayor que fué de esta dicha Villa, ante el licenciado don Pedro de Pasierna, Alcalde de la Justicia de la ciudad de Sevilla, y ante su escribano Pedro de Campoverde, en razón de que tenía en sus casas a María Vázquez su cuñada, hermana de su mujer, y siendo doncella honesta y recogida y de buena vida y fama, el dicho Bernabé de Espinosa, con el poder que tenía de ser Alguacil Mayor de esta Villa, rondaba la dicha Villa para efecto de poder hablar y solicitar a la dicha su cuñada, prometiéndole que aunque era casado tuviese confianza en que se había de casar con ella, y de esta manera entró en su casa y la quebrantó y se echó carnalmente con la dicha su cuñada y la corrompió y hubo su virginidad, y porque la dicha Beatríz de la Cruz su mujer sintió que los susodichos se hablaban, se lo reprendió a la dicha María Vázquez, por lo cual el dicho Bernabé de Espinosa la aguardó en casa de Francisco Vanegas su vecino, y entró en la dicha casa y la injurió de puta probada, jurando a Dios que le había de cortar la cara, porque la había reprendido a la dicha María Vázquez, y le dijo otras muchas palabras de injuria, y porque a otra hermana de la dicha María Vázquez, que vive en Bormujos, salió a matarla al camino con una daga desnuda en la mano, y había jurado a Dios que la había de matar, y que él había hurtado y llevado de sus casas mucha cantidad de joyas, que valían más cantidad de 50 ducados, y está acostumbrado a hacer semejantes hurtos, y que había hecho un hurto en la villa de Trigueros, de que había hurtado una cruz de plata de la iglesia, una corona de oro y una cruz de plata (sic), y le quitó una manilla a Nuestra Señora de los brazos y por quitársela le hizo pedazos las manos, y que había salido a los caminos a hacer salteamientos, y además de esto había sacado a la dicha María Vázquez y se había ido con ella dejando desamparada su casa y la tenía escondida y encubierta, y de lo demás contenido en la dicha su querella a que se refiere, y sacó Requisitoria para las Justicias de esta Villa y otras partes para hacer información en razón de ello, y porque después que dió la dicha querella, la dicha María Vázquez pareció en Sevilla en una casa muy honrada y sin sospecha, y le ha informado que el dicho Bernabé de Espinosa no cometió con ella el dicho delito, y porque el dicho Bernabé de Espinosa está preso en la Cárcel Real de la ciudad de Sevilla; por tanto, que él ahora perdonaba y perdonó al dicho Bernabé de Espinosa de los dichos delitos contenidos en la dicha su querella, y no le pedirá ni demandará en razón de ellos cosa alguna ahora ni en tiempo alguno ni por alguna manera, y si alguna cosa le demandare, que sea rechazado como no procedente y le pagará todas las costas y gastos que en razón de ello se le recrecieren, con mas 50.000 maravedíes de pena en que deba, y luego se dió por condenado y dió por ninguna la dicha querella y todo lo en dicho pleito probado y actuado, y pidió y suplicó al dicho Alcalde de la Justicia y a los demas Jueces de Su Majestad ante quien la causa pasare, lo suelten de la prisión y remitan su justicia, porque desde luego lo perdonó de los dichos delitos, y juró por Dios Ntro. Sr. en forma de derecho que este perdón no lo hace por miedo ni temor de no alcanzar justicia, sino por servicio de Dios Ntro. Sr. y por las razones que dicho tiene, y por ruego de buenas personas que se lo han rogado, y para el cumplimiento y paga de lo que dicho es obliga su persona y bienes habidos y por haber, y dió poder cumplido a las Justicias del Rey Ntro. Sr. en forma, y renuncia las leyes en su favor y especialmente la dicha Regla del Derecho en que dice de general renunciación, y lo firmó de su nombre, siendo testigos Francisco de Palencia, Juan Rodríguez de Medina, Juan Díaz de Palencia, Juan Payán, Juan de Miranda y Pedro Navarro, vecinos de esta Villa, que estaban presentes.
Con igual base hipotética dejo anotado a este que sigue, Miguel Vázquez, nacido hacia 1580, que bien pudiera ser el hijo más pequeño de Juan Vázquez de Morón: "En dicho día Bernardo de Oliver en nombre de su hermano presentó por testigo a Miguel Vázquez, vecino de esta Villa, que dijo conocer a Francisco Vázquez y que lo ha ido a visitar y visto que está muy malo y a punto de muerte de un dolor del costado, y está muy probe, y si dicho su tutor no le da con qué se pueda curar podría ser que se muriese de la dicha enfermedad, por estar tan probe como está. Dijo ser de edad de veintidós años poco más o menos y no firmó por no saber hacerlo". https://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2017/07/notas-varias-2e.html
Para terminar, y con la sencilla intención de dar a esta entrada una extensión similar a las de las demás, dejo unos datos sobre la aldea que fray Antonio Vázquez de Espinosa alardeó de haber incendiado para castigar la idolatría de sus habitantes. Aunque luego en repetidas ocasiones el fraile escribe que dicha aldea estaba desatendida de personal evangelizador, porque los curas que se nombraban para ello preferían pasar las jornadas en poblaciones cercanas de más importancia. O sea, que confiesa el carmelita después de haber reducido a cenizas el pueblecito que la culpa de no saber recitar el Padrenuestro no la tenían los lugareños.
El apellido Esquia* presenta el mismo inicio que el nombre del poblado Esquiliza/Isquiliza, el cual fue destruido por Vázquez de Espinosa, al descubrir en él
prácticas idolátricas
* ESQUIA (apellido yunga en Tarata ) Hidalgo 1997: 437. / ESQUILIZA (poblado quemado por Vázquez de Espinosa en Azapa) / ISQUIÑA (caserío en Camarones,
Mamani 2007). Helena Horta Tricallotis. El Señorío Arica y los Reinos Altiplánicos: complementariedad ecológica y multietnicidad durante los siglos pre-conquista en el norte de Chile (1000-1540 d.C.). Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile. 2010.
A village of wicker, wood and reeds. The Inka village of Pampa Alto Ramírez is situated in the warm valley of Azapa, some 8 kilometers from the coast, upon a high flat alluvial plain that sits between the San José River and a creek that runs into it from the southeast. It consists of a residential area of 30 dwellings, small corrals for llamas, six large underground storehouses with walls covered with plant fiber, agricultural fields and two springs that supplied water for irrigation and drinking. An estimated 150-200 people lived in this village, though this number may have been lower. The site also has a geoglyph (large escale ground drawing) located some 2.5 kilometers south of Cerro Sagrado that depicts human, camelid, serpent and lizard figures. There is also a cementery around 200 meters from the residential area that contains around 70 tombs in cylindrical holes. The bodies inside ara facing Cerro Sagrado hill, implying that the geoglyph must have been an important shrine and place of worship for the village inhabitans.
Geoglifos de Cerro Sagrado. http://chileprecolombino.cl/arte/arte-rupestre/el-geoglifo-de-cerro-sagrado/
The most striking feature of this settlement is the houses, which are made of light material, showing how the Inka used locally available material and took into account the especific climatic conditions when building their structures.
Although only foundations of the wicker walls and wooden post they used have been found here, it is believed that these dwellings had cane and totora reed roofs. The residential structures were built singly, in pairs or in groups of four with partitions between them, and they had a square or rectangular foor plan. Each unit, ad each room in te collective dwellings, had a fire place for cooking and a small pit in the ground for storing food supplies. The only residence made of solid material was located at the center of the village and was entered up a series of broad steps. This unit had the same form as the others but was built with unfinished stones, perfectly level and aligned in two parallel rows and grouted whit sand and mud. This was apparently the residence of the Inka officials who governed the settlement. Indeed, the only two copper knives or tumis found in the village were found inside this dwelling. There must have been more settlements such as this one in the middle reaches of the Azapa River and the neighboring Lluta valley, connected with other groups that also were part of Tawantinsuyu, such as those buried in the coastal cemeteries found at Playa Miller and the like, or in places such as Mollepampa, further up the Lluta valley.
The remains found in the storerooms and waste dumps indicate that the inhabitants of Pampa Alto Ramírez had a diet consisting mainly of maize, chili peppers, beans, squash, arrowroot, wild herbs and guinea pigs, complemented by some fish and shellfish. The tunics of spun wool, the jugs, pedestal base cooking vessels and vessels decorated with stylized llamas, as well as the truncated cone headwear adorned with feathers, all indicate that the villagers were Inka-ruled groups from the highlands. No doubt they were mitimaes who were settled in the valley by the Inka to dry and salt fish, handle agricultural production, extract marine resources and collect fertilizer that the natives gathered from the guano–covered islands off the coast. They also would have organized the transportation of these commodities by llama caravan to Zapahuira and other Inka settlements in the sierra and highlands of Arica.
Because the remains of the wicker walls and wooden posts of the houses were found to be burned in the upper sections, it has been suggested that this settlement is actually Isquiliza, a longstanding indigenous village of the valley that the Carmelite monk Antonio Vásquez de Espinosa claimed to have razed in one of the campaigns to rid the country of idolatry promoted by the Catholic Church in the 17th century. Though fragile, the relics of this Inka village built nearly a half century ago had survived until around 30 years ago, when they were destroyed by road construction crews and the floodplain was leveled to plant crops. (Chile bajo el Imperio de los Incas. Museo Chileno de Arte Precolombino. https://issuu.com/comunicarchile/docs/catalogocompres323_f).
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