Es testigo Juan Vázquez de Morón de la venta de 100 arrobas de mosto que el bormujano Alonso Rodríguez de Quexada hace al licenciado Baltasar de Villada, vecino de Sevilla. Quexada le entregará el vino, que es de la cosecha de 1605, en las casas que Villada tiene en Castilleja de la Cuesta, por el día de San Miguel de septiembre, medido en su lagar a la piquera (1) sin sisar, y por cada 30 arrobas le llevará una de refacción. Y le cobrará al menor precio que corriese en Castilleja el dicho día de San Miguel. Villada dá a cuenta a Quexada 150 reales ante el presente escribano, Juan de las Cuevas, en cuya casa en el Señorío castillejano se otorga la presente escritura. Los otros dos testigos son Miguel Jerónimo Melgarejo y el licenciado Gonzalo Montiel Maldonado.
(1) Piquera: orificio abierto en la mitad del costado del lagar, que lleva adosada una gargolilla de madera. Pero la RAE no lo menciona así, y en cambio dice: "ventana o rompimiento hecho en la pared de un jaraíz [ lagar ] que da a la calle, para descargar por él los carros de uva." Y en el Diccionario de la Lengua Castellana "la porción de aceituna ó uva que se estruja de una vez en el molino ó lagar". Jaraíz, del árabe hispano sahríǧ o ṣahríǧ, este del árabe clásico ṣihrīǧ صهريج, "cisterna", y este del pelvi čāh-ī-rēg 'pozo de arena' (RAE).
Posee tierras en término de Camas. En un registro de las escrituras ante Diego García de Miranda, escribano público de las dos Castillejas, se ve: el bachiller Diego de Henao, clérigo presbítero cura de esta Villa de Castilleja de la Cuesta y vecino de ella, por sí y en nombre de sus herederos y sucesores, vende, mientras no se redima, a Antonia Fernández, viuda de Francisco de Cadenas, vecina de esta dicha Villa, 1.335 maravedíes y medio de tributo al año, que a él se le pagan sobre las casas donde él vive que son junto a la Plaza de esta Villa, linde con casas del bachiller Francisco Gallego Becerra, presbítero vecino de esta Villa, y sobre un pedazo de viña en término de Camas al pago de Cuestalaencina, linde con viñas y tierra calma de Juan Vázquez de Morón, con viñas del dicho presbítero Becerra, y por delante con el callejón que dicen de La Horca (1). Y le vende dicho tributo por precio de 50 ducados, con las condiciones de tener todos los bienes bien labrados y que vayan a más y no a menos, a lo cual dicho otorgante se obliga por la presente, así como a no venderlos si no es a persona llana y abonada. Y cuando él o sus herederos devuelvan los 50 ducados se cancelará esta escritura. Dado en casa de morada de
Esta tierra, o al menos parte de ella, la compró Juan Vázquez de Morón a doña Isabel Quixada Riquelme , vecina de Sevilla en la collación de San Román. Se efectuó la transacción estando ella en Castilleja en su casa de morada en el Señorío, "un pedazo de tierra calma en témino de Camas, de 1 aranzada poco más o menos, linde con viñas de Juana Velázquez, con tierras del doctor Cabreros y por delante con la hijuela que llaman de La Horca que parte el término de Camas y el de Castilleja de la Cuesta, por precio de 330 reales". El escribano Hernando de las Cuevas dió fé del pago. Su fecha, 17 de marzo de 1594. Testigos, Pedro de las Casas, Juan Núñez, el presbítero Gaspar de Santofimia y Gonzalo Chamorro, vecinos de esta Villa de Castilleja.
Firma de doña Isabel Quixada Riquelme
(1) Callejón, hijuela o pago de La Horca, que sitúo en el oriente castillejense inmediato a la ermita de Guía. Queda más definido por un protocolo de arrendamiento que doña Isabel de Alfaro, viuda de Bartolomé de Alfaro, otorgó a Melchor Núñez, vecino de Sevilla en la collación de San Miguel, el 1º de noviembre de 1598; ella le arrendó una heredad de casas y viñas en término de esta Villa y en los de Bormujos y Gines, las casas en Castilleja y las viñas en varios pedazos de 19 aranzadas en total, uno de ellos "en esta Villa al pago de La Horca, linde con viñas de Pedro Díaz de Baeza, con el callejón de La Horca, y por delante con el Camino Real". De esta manera se puede afinar la situación de las viñas y tierra calma de Juan Vázquez de Morón: el pago de La Horca castillejano lindaba con el de Cuestalaencina cameño, y estaba al borde del Camino Real de Sevilla, o sea, inmediato a la ermita de Guía. También Cuestalaencina se menciona alguna vez como lindando con dicho Camino Real, y se habla en ocasiones del "callejón que va a la Ermita".
Este documento que sigue refiere a estos parajes de acusadas pendientes que constituyen los bordes del interior de la cárcava: Pedro Farfán de Lugo, hijo de Pedro Farfán de Lugo y de doña Juana Velázquez, difuntos, vecino de Sevilla en la collación de San Lorenzo y estante en esta Villa, vende por juro de heredad para siempre jamás al bachiller Francisco Gallego Becerra, cura de la iglesia de Santiago de esta Villa, 2 aranzadas de viña y tierra calma en término de Camas al pago de Cuestalaencina, medidas por el medidor de la ciudad de Sevilla, linde con viñas que este otorgante Pedro Farfán dió a tributo a Francisco Vázquez, y con viña que vendió a Juan Vázquez de Morón, y con tierra calma que dió a tributo a dicho Francisco Gallego Becerra, y por la frente de la parte de Tomares dá con viña de don Baltasar de Colindres, y por esta otra cabezada dá con viñas que dicho otorgante Pedro Farfán dió a tributo a Pedro Ruíz. Y están libres de todo tributo y se las vende por precio de 100 ducados, que recibe de contado (sic, pero no fué así) en presencia del escribano iusoscripto. Pedro Farfán de Lugo declara ser mayor de 21 años y menor de 25. Dado en esta Villa en casa del escribano Hernando de las Cuevas a 27 de febrero de 1599. Testigos, Hernando de las Cuevas el mozo, el bachiller Diego de Henao, presbítero vecino de esta Villa, y Melchor Núñez, vecino de Sevilla. En 20 de julio de 1599 ante dicho escribano Pedro Farfán recibió los 100 ducados de Francisco Gallego Becerra, siendo testigos Diego de Henao, Hernando de las Cuevas el mozo y Juan de Castro.
Solía erigirse la horca a la entrada de los pueblos para que, a modo de aviso, todos los viandantes pudiesen ver las consecuencias de oponerse a los dictámenes de la Justicia. En el caso del Señorío de Castilleja la máxima pena de la horca dependía administrativamente del Conde de Olivares, aunque no tenemos noticia de ningún ajusticiado en ella. Sí lo hubo en la vecina villa de Gines.
El nacimiento de la cárcava —entre cuyas dos bocas finales hacia la Vega del Guadalquivir se alza el cerro del Carambolo con el santuario tartésico en su cima— se hallaba al borde de la carretera a Sevilla, antiguo Camino Real, unos metros antes de la Venta de Guía (Venta de Perico) y en él vertía el colector principal de aguas residuales del pueblo. Para sanear este punto se rellenó con toneladas de tierra procedente del hueco del nuevo depósito de agua de la Empresa Municipal de Aguas de Sevilla, EMASESA, y sobre el recién creado terraplén se construyó un chalet, pero el terreno fué cediendo y el edificio hundiéndose de un lado a ojos vista, cual torre de Pisa. Lograron disimularlo sustituyendo el techo por un diseño modernista consistente en un plano inclinado de hormigón, que es el que puede contemplarse hoy. De manera que con el mencionado relleno, la prolongada tubería de vertido quedó más al interior, tras el chalet, oculta a los viajeros de la carretera. A este principio de la cárcava se solía denominar "El Pantano", y era uno de los más atractivos lugares para los afanes aventureros de las pandillas de niños de Castilleja. Cuando el tedio post-almuerzo reinaba entre nosotros en la Barriada, algún espontáneo sugería vivamente "¿¡ vamos al Pantano !?" Y allá iba la horda a paso ligero Calle Real abajo, dispuesta a descubrir el Nuevo Mundo. Por entonces se accedía al Pantano desde la carretera como queda dicho. Bajábamos al galope aquel inmenso talud entre gritos de alegría, levantando polvareda de escombros y basuras que arrojaba la gente al abismo, y una vez en el fondo comenzaba la incursión propiamente dicha, en dirección al barrio cameño de Caño Ronco por senderillos de cabras que bordeaban un riachuelo pestilente de cieno y aguas corrompidas en el que, milagrosamente, medraban ranas y hasta galápagos, sostenidos por el depurativo que para aquellas tóxicas aguas significaban las dos o tres temporadas de lluvia anuales, en otoño, enero y primavera, aguaceros torrenciales que renovaban los pocillos y remansos del pútrido arroyo. Cuyos márgenes sinuosos alimentaban fronda espesa de cañas, jaras y zarzas, matorral arbóreo en ocasiones en bóveda, e incluso algún eucalipto o similar, de mayor porte. Allí se perdía la escasa percepción de tiempo y espacio que, como niños, teníamos. Por precarios puentecillos consistentes en un tablón decrépito en el mejor de los casos, o en dos o tres pedruscos resbaladizos en el peor, era obligado cruzar la paralítica corriente según dictaba el senderillo caprino, todo ello con los expedicionarios acosados por miles de moscas y mosquitos que se nutrían de aquellos desechos y que propiciaban la ineludible caída, a cuyos efectos en la ropa y en el calzado llamábamos "haber cogido una liebre", expresión absurda que nunca he logrado explicarme. Tras tres, cuatro, cinco o más horas de excitante inspección, cuando ya el sol se hundía por los ondulados olivares de Valencina, emprendíamos el regreso campo a través, con la sana intención de acortar camino y de reparar fuerzas gracias a las dádivas generosas de los frutales mal guardados del Valle, franja de pastizal y huertas extendida por todo el norte del término de nuestra Villa desde el sobredicho Pantano al este hasta lo que hoy ocupa el hospital Nisa al oeste.
Tengo noticia de que al fondo de esta cárcava, durante la Dictadura de Primo de Rivera, se arrojaban cadáveres de vacas, ovejas, caballos, mulos y asnos, propiciando que acudieran a él, hasta desde el Coto de Doñana, bandadas de buitres.
En azul se limita el término municipal de Castilleja; en rojo el pago de la Horca; y en verde el de Cuestalaencina de Camas. Aproximadamente en el punto amarillo, entre la ermita y la venta, se erguía la horca. La zona anaranjada señala el nacimiento de la cárcava antes de que se rellenara. Obsérvese el chalet con su techo trapezoide.
Aquí está otra vez nuestro hombre en una iglesia de Santiago convertida en depósito de cadáveres: En el Señorío de Castilleja de la Cuesta en martes 28 de agosto de 1601, por parte de Juan de las Cuevas, vecino de esta Villa, fue requerido el escribano de ella Diego García de Miranda para hacer testimonio de cómo se depositaba en la iglesia del Señor Santiago de esta dicha Villa a doña Mariana de Polaino su mujer, que es difunta. El sobredicho escribano Diego García de Miranda da fé que la vió llevar en una caja a la dicha iglesia, y para certificarse de ello da fé que al echarla en la sepultura le hizo descubrir el rostro y se descubrió rompiendo un pedazo de tabla de la caja, la cual conoció y le pareció que era difunta. Y quedó en dicha iglesia enterrada, y se puso por testimonio. Testigos, Juan de Linares, barbero cirujano, Juan Vázquez de Morón, Diego Navarro y otros vecinos de esta dicha Villa.
Otra vez testifica en este mismo año: Doña Leonor de Farias, mujer de Sebastián González Calderón, y doña Isabel de Valladares, doncella y hermana de dicha doña Leonor, vecinas de Sevilla y estantes en esta Villa de Castilleja, estando presente dicho Sebastián González Calderón, marido de la primera, ambas a dos y de mancomún dan poder al dicho Sebastián para que pueda tomar a tributo de cualquier persona que se lo quiera dar 1.000 ducados de principal a razón de 14.000 el millar y de ahí arriba lo que pudiere hallar, sobre unas casas que ellas tienen en Sevilla, que heredaron de su padre Diego de Farias, que son en la collación de Santa María la Mayor en la calle de Entalladores (1), con una tienda junto a ellas, linde con casas de la fábrica de la iglesia de San Pedro de dicha ciudad, y con casas de don ¿Hernando de Sanmiguel?, y por delante la dicha calle Real [o sea, la de Entalladores], que dicho su padre dió a renta de por vida al mercader Andrés de Perea en precio de 1.000 reales al año, con cargo y condición de que dicho Andrés de Perea llevara a cabo las labores de reparos y mantenimiento, según pasó todo ante Pedro Gutiérrez de Padilla, escribano público de Sevilla, en 18 de febrero de 1572. Y sobre otros cualesquier bienes que ellas dos tienen en la Villa de Castilleja de la Cuesta y otras partes, de los que declaran estar libres de tributos u otra enajenación, como parece por fé del ¿escribano Cabredo? de Sevilla. Y para que las obligue a que pagarán dicho tributo de 1.000 ducados a quien lo hubiere de haber, so las penas que dicho Sebastián Gutiérrez Calderón quiera, al cual dan también poder para redimir dicho tributo. Dado en esta Villa en las casas de morada de los otorgantes, a 7 de noviembre de 1601. Testigos, Juan Vázquez de Morón, Domingo Martín y Juan de Miranda. Firmaron doña Leonor, doña Isabel y Sebastián.
(1) El ensanche final de la calle Francos se llamó desde fines del siglo XV al menos hasta comienzos del XVII plaza o plazuela de Entalladores, quizás porque residiesen en ella varios imagineros o tallistas de retablos. Años más tarde recibió el nombre de Imagen, y en la primera mitad del XVIII aparece como plazuela del Silencio. Ambos topónimos se relacionan con un retablo pintado de la virgen de Belén y el niño en brazos, con un dedo en la boca. A finales del XIX quedó incorporada a Francos. Diccionario histórico de las calles de Sevilla. Antonio Collantes de Terán Sánchez.
Damos un salto hacia atrás hasta 1597, año en que Juan Vázquez de Morón, el 23 de noviembre, recibe en préstamo del Pósito de Castilleja 2 fanegas de trigo sacadas del alfolí [del árabe هُرْي al-hury, hórreo, granero público] del dicho almacén de granos por su depositario Bartolomé de Vega (1). Se dió la escritura en casa del escribano Hernando de las Cuevas, ante los testigos Juan de las Cuevas, Pedro de las Casas y Hernando de las Cuevas el mozo.
En 1594, el 27 de noviembre, siendo encargado del Pósito Juan de Chávez, recibió otras 2 fanegas, saliendo por su fiador Francisco Rodríguez de Espino, y ante los testigos Hernando de las Cuevas el mozo, Pedro de Valencia y Bartolomé de Vega (1). El 10 de noviembre de 1595 fue testigo del préstamo de otras 2 fanegas de trigo para sembrar que el Depositario Juan de Chávez hizo a Martín de Castro, y él mismo sacó en dicho año otras 3, con Francisco de Castro por su fiador, intercambiando los papeles un día después, cuando dicho Francisco de Castro recibió fanega y media y él salió por su fiador. Además, siempre en este año de 1595, fué testigo de la entrega de 2 fanegas a Bartolomé Jiménez y de otras 2 a Francisco Miguel.
Este año (9 de octubre), estando en el Señorío en casa de doña Isabel de León, viuda de Juan Vázquez Dávila, el padre del fraile carmelita testificó sobre el compromiso de dicha viuda de pagar al Conde de Olivares 338 reales de tributo sobre sus dichas casas de morada y sobre 8 aranzadas de viñas en término de nuestra Villa, linde con el padrón de Camas.
Y sin salirnos de este 1595, Juan Vázquez de Morón y Francisco Vázquez devuelven a don Enrique de Guzmán, conde de Olivares, y a su mayordomo Ximeno de Ribera, vecino de Castilleja, en su nombre, 440 reales que Juan Vázquez como principal y Francisco Vázquez y Juan de Mangas como sus fiadores se obligaron a pagar al dicho Conde por otros tantos que recibieron de él en préstamo por mano de Diego González su Tesorero, según pasó ante el escribano Hernando de las Cuevas en 15 de enero de 1592. Ximeno de Ribera los dá por libres de la dicha deuda por la presente, dada en casa del escribano Hernando a ... de julio de 1595, siendo testigos el bachiller Alonso Ortiz Navarrete y Juan de las Cuevas.
Ximeno de Ribera había recibido poder de don Enrique otorgado en la ciudad de Palermo ante Alonso Pranez, notario público de dicha ciudad, en 16 de abril de 1594, y dicho don Enrique el conde otorgó una sustitución de tal poder ante Pedro de Prado, escribano público de la villa de Madrid, el 18 de febrero de 1595.
Todo ello amerita contemplar la hipótesis de que Juan Vázquez y Francisco Vázquez eran los hermanos de fray Antonio, y de que el padre hubo de apechugar con una deuda importante a un importante personaje como era el conde de Olivares, que sus hijos arrastraban desde varios años antes. De Juan y Francisco Vázquez, hermanos del fraile, pronto conoceremos cosas sorprendentes.
(1) "Bartolomé de Vega, mientras limpiaba con un trapajo el polvo del agrieteado almud* de medir los áridos, bromeó con su sobrino, cuya sola presencia le había trocado el mal humor con el que acostumbraba a empezar el día por una saludable oleada de energía y esperanza:
— ¿Qué...? ¿cómo va esa vida de aguardentero? Mucho me temo que sin licor, si no fuera por el burro, no podría vuestra merced llevar a casa las dos fanegas ni haciendo un cuento de viajes, ¡jajaja jajajaja! —. Bernardo sonrió. La carcajada del viejo había resonado en la bóveda como algo a la vez fantasmagórico y entrañablemente familiar. El encargado de las semillas mostraba ojos y boca resaltando brillantes en mitad de su cara enharinada, como si pertenecieran a otra persona".
https://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2017/07/notas-varias-2g.html
Un real de plata de 1607
Contribuyó el progenitor de fray Antonio con 4 reales de plata por dos bulas de vivos en 1593, cuando a nuestra Villa allegó fray Bartolomé Bautista, de la orden de Santo Domingo, Comisario, para recaudar fondos destinados a la Santa Cruzada. "Fué recibido con las solemnidades requeridas y predicó la Santa Bula", y ante Hernando de las Cuevas, escribano público y del Concejo, se nombró, por parte del Concejo de esta Villa, Receptor de dichas bulas a Francisco Gallego Becerra, clérigo presbítero y beneficiado de la iglesia de Santiago. Para las bulas de composición —o sea, las que se daban fiadas— el Concejo nombró de Receptor a Jusepe Cornielles (1), compadre y luego albacea de Juan Vázquez de Morón—. Habiendo llegado el padre dominico el jueves 25 de febrero del dicho 1593, hasta el 21 de abril no despidió la dicha Bula, lo que verificó en la iglesia de Santiago con su procesión y solemnidad acostumbradas. Firmaron él y Francisco Gallego Becerra ante los testigos Diego de Pena, bachiller, Juan de Castro y Diego García. En estos dos meses el Comisario fue asistido por Diego Valentín, Alguacil Receptor de la dicha Santa Cruzada.
(1) "... la dió [cierta casa] doña Luisa a Maese Pedro, flamenco, maestro de hacer aguardiente, difunto, vecino que fué de esta Villa, que tiene un tributo perpetuo de 12 ducados y una gallina al año, que Maese Pedro se obligó a pagar a doña Luisa y a sus herederos, como parece por escritura ante Hernando de las Cuevas del 16 de noviembre de 1579, y por muerte de Maese Pedro sucedió en ellas Cornelia Bander Buer [ Cornelia van der Vuer ] su madre, como su heredera legítima, vecina de Amberes, que es en Flandes, y Jusepe Cornelio en nombre de esta Cornelia y con su poder ha vivido y vive en dichas casas y le paga a doña Luisa de Briones dicho tributo de 12 ducados y una gallina...". https://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2017/08/notas-varias-2i.html,
Firmas de Comisario de la Santa Cruzada fray Bartolomé Bautista y del Alguacil Receptor Diego Valentin.
Otro testimonio. Juan Cromberger de Melo (1), vecino de Sevilla en la collación de San Esteban, y el escribano de esta Villa Hernando de las Cuevas, vecino de Sevilla en la collación de San Gil, como su fiador, se obligan a pagar al Conde de Olivares y a Diego González su tesorero 2.100 reales por razón de 600 arrobas de vino que están en 8 tinajas en la bodega de Su Señoría en esta Villa de Castilleja, de la cosecha de 1595, las cuales tinajas ya tienen vistas y señaladas, y las recibe dicho Juan Cromberger compradas con todos sus riesgos de tocado, madreado, ahilado y dañado, excepto de pared o viga caída, tinaja reventada y tapino salido, que esto queda a riesgo de Su Señoría, las cuales 8 tinajas las vendió el contador Juan Ximeno de Ribera en nombre de Su Señoría por orden de Baltasar Montalvo. Y si hubiere más vino del dicho, los compradores se obligan a pagar 3 reales y medio por cada arroba de más, y si menos, que se lo descuenten, y el contador, que está presente en este otorgamiento, se obliga a dar fuero y entrada en Sevilla al dicho vino, y ellos se obligan a sacar el vino de dicha bodega de hoy en 15 días. Pagarán en dos plazos, en este año y en el venidero. Dado en el Señorío de esta Villa a 31 de mayo de 1596. Testigos, Juan Vázquez de Morón, Juan Domínguez y Bartolomé Rodríguez de Triana, vecinos de esta dicha Villa.
(1) "Hija de Juan Varela de Salamanca y de Isabel de Alfaro fue Inés de Alfaro, fallecida en 1588 y esposa de Jacobo (o Jácome) Cromberger. Era Jacobo nacido en Sevilla e hijo de Juan Cromberger, también sevillano de nacimiento, y de Brígida Maldonado (hija de Mexía Ponce de León y de doña Catalina Maldonado), quienes tuvieron nueve hijos contando al dicho Jacobo: entre ellos Inés (o Isabel en algún documento) Maldonado, quien acabaría casándose con nuestro Francisco Sánchez de Melo y procreando a Juan Cromberger de Melo ... ". https://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2014/11/juan-varela-de-salamanca-era-marido-de.html






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