Los regidores intentaban, llamando a la calma, tranquilizar a la multitud, apelando a amistades antiguas, a favores pasados, al buen orden y a la convivencia, mezclándose con la gente e intentando razonar con los más violentos, pero el vicario maniobraba con agilidad para contrarrestarlos, encendiendo odios a diestro y siniestro y en un momento en el que estuvo cerca del Teniente mientras intentaban sacarlo fuera del tumulto, gritaba con todas sus fuerzas:
—¡¡ Quítenle la vara, quítenle la vara !! ... ¡ que entregue la vara al Rey !— consciente de que, representando el poder, el falo, aquella castración enervaría todavía más a la masa bruta que se mueve más por impulsos simbólicos que por razonamientos pausados.
Estando el Regidor Juan Perez Hurtado próximo, comenzó el cura a empellarlo desconsideradamente con cuerpo, piernas y manos hacia el Teniente ordenándole que le tomase la vara, que si no lo hacía estaba excomulgado, y señalándolo y nombrándolo improvisadamente en aquella barahúnda nuevo Teniente de Gobernador, asegurándole entre amenazas que era su obligación aceptar tan repentino cargo, a lo que Juan Perez, a la sazón un vacilante anciano de sesenta y dos años, le respondía con destartalada pronunciación y con más miedo y nervios que respeto que no tenía arbitrio para poner o quitar justicias, que eso tocaba al Excelentísimo Señor Duque de Olivares, contestación que solo hacía encolerizar más al ya desbordado vicario, corriendo bastón en alto de un lado a otro entre la gente repitiendo sus peticiones de favor para la Iglesia, y amenazando al Teniente con gritarle allá donde lo voviese a encontrar, fuera donde fuese y para que lo oyesen todos, para echarle en cara la felonía que había cometido.
Entre los dos regidores sexagenarios Juan Perez Hurtado y Alonso Martin de Luna, que se multiplicaban intentando apaciguar los ánimos, aconsejando a derecha e izquierda, deteniendo brazos en alto, dando palmaditas en las espaldas y prodigando ruegos persuasivos, la multitud dudaba si emprenderla a golpes con los enemigos de su amado cura o irse retirando a sus casas y dejar que la justicia decidiera sobre el conflicto y aunque don Miguel, inagotable, continuaba con sus histéricas idas y venidas soliviantando almas la gente no acababa de reaccionar; entonces apareció en escena Cristobal Vallecillos, su sacristán mayor y padre de los Vallecillos que ya conocemos, que de inmediato intentó aquietarlo arguyendo los inconvenientes que de seguir así podían resultar, argumento que pareció cegar y encender aun más al cura, quién interpretando lo último como una traición perdió ya completamente los estribos e inició un forcejeo tal y tan a la desesperada que, ciego, le propinó al recién llegado sacristán un bastonazo en la boca, de forma que le partió los labios, la encía y un diente.
El Alguacil Mayor Andres de Rojas, cercano, tuvo que sostener al sacristán Vallecillos para evitar que cayese al suelo por la conmoción del palo que había recibido en zona tan sensible. Tenía el pobre hombre toda la boca borbolleando en sangre, que chorreaba sobre la pechera goteando en tierra.
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6 comentarios:
Lamento profundamente que la silla que tengo frente al ordenador sea tan incómoda...porque enseguida me canso de leer , por más que quiera seguir haciéndolo.
De verdad estas cosas pasaron en el pueblo al que sólo conocía yo por ir a comprar tortas de gaviño cuando era yo chica??
Con todo, seguiré leyendo estas apasionantes entregas, aunque sea poquito a poquito.
Abrazos.
Yo me despertaba por la mañana con unos dolores en el lomo algo serios, por culpa de la dichosa silla. Hasta que empecé a hacer un poquito de gimnasia: ahora, como nuevo.
La fábrica de tortas Andrés Gaviño estaba en el lugar del Pósito del siglo XVIII (que describo en un post).
Esta fábrica desapareció hace unos años, pero el edificio de ella permanece. A su lado estaba la Cárcel Pública, (que hoy es un club de "gourmets" llamado La Yunta) ocupando ambas casas todo el frente sur de la Plaza.
Quizá nos hallamos cruzado en los años ¿cincuenta? por allí, mirándonos con la limpia curiosidad de los niños.
Gracias por tu visita, y tómate tu tiempo para leer la verídica historia de Castilleja.
¡Saludos!
No , hombre , no, yo iba por la placita aquélla en los ochenta debía ser, todavía existia el despacho de tortas, íbamos con mis abuelos y parece que estoy viendo los paquetes de tortas y aquella mujer impecable metiéndolas en bolsas...el mostrador era de mármol y dentro había una atmófera fresca de antiguedad y posguerra , o sería que yo me lo imaginaba .
No creo que nos viéramos, yo era una niña mimada a la que no soltaban nunca...jejej
Luego íbamos a tomar vinos a la bodega ésa que había en Camas y que también se lalmaba Gaviño...mosto y vino de naranja.
Y qué me dices de un restaurante que sellamaba Los Rosales y ponían unas espinacas con garbanzos y pan frito que quitaba el sentío?
Jo, qué infancia he tenío más cómoda y alimentá.
No es raro que hoy día me niegue a hacer dieta de ninguna clase.
En fin , te sigo leyendo con fruición.
Muy buen fin de semana.
Reyes, has descrito con exactitud el despacho de tortas de Gaviño.
La antigua bodega de La Pañoleta pertenecía (y creo que todavía pertenece) a la familia Gaviño, de Bormujos, uno de cuyos componentes era Andrés, nuestro fabricante de tortas. Otro Gaviño de esta familia es actualmente alcalde de dicho Bormujos.
Y el restaurante Los Rosales era de descendientes de Inés Rosales, la pionera en esta industria de la torta, y la que dio nombre a la más conocida fábrica. Estos Rosales del restaurante tienen ahora uno en Tomares, pueblo al que se han ido a vivir.
Hasta pronto. E igualmente, que lo pases muy bien.
Un abrazo.
Bormujos!!!
He colocado libros de infantil en un colegio nuevo de allí y el pueblo me ha parecido muy agradable!!
Jo cuánto sabes...
no resisto la curiosidad...
eres archivero?
un vecino ilustrado ?
biógrafo?
cronista?
Al menos escribirás en la prensa local...
Bueno . yo sigo, que contigo no doy abasto.
Entre tú y el libro de Genji (novela japonesa) no paro de leer.
Jejeje.
Abrazos.
No había visto este tu último comentario hasta hoy día 7.
Te reitero mi satisfacción por el agrado con que me lees. No con menos lo hago yo en tu blog.
En resumidas cuentas, el origen de esta historia viene por la facilidad que encontré para indagar en archivos con documentación pertinente.
Empecé armando mi propia genealogía, más por diversión que por otra cosa, y al descubrir la riquísima historia de este pueblo, todo fue fotografiar y fotografiar legajos, que, una vez en el ordenador, pedían a gritos una interpretación.
Y la más idónea, pensé, era novelarlos en un blog. Helo aquí.
Celebro que te guste.
¡Saludos!
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