sábado, 26 de julio de 2008

Los caldereros franceses (y XVIII)

Aunque pudiera parecer que Salvador el boticario se limitaba a sedar a su paciente y rápidamente marchar a sus ocupaciones en una escapada de desentendimiento, no era así en cierta manera porque lo tenía en mente desde que se levantaba hasta que se dormía; le había tomado cariño al pobre y alucinado calderero por un lado, ya hecho un saco de huesos, y por el otro, con la intensidad con que se propagaban las enfermedades de ese tipo, las cuales por aquella época adquirían características de verdaderas plagas, le interesaba el caso en su aspecto técnico. Los movimientos de grandes masas de soldados a través de las fronteras, siendo éstos los que con más proclividad adquirían dichos males, hacían del asunto un sustancioso objetivo de la incipiente ciencia de la medicina social.
Pero de poco le sirvieron sus cuidados y buenas intenciones. Bernardo Marana, cuando se cumplían trece meses de su llegada al pueblo, murió:

Entierro de Bernardo Marana, mozo soltero. Fabrica, 50 maravedíes. En diez días del mes de octubre de mil setecientos cuarenta y siete años dí sepultura al cuerpo difunto de Bernardo Marana, de nación francés, hijo legítimo de Ramon Marana y de María Marangla, difunta. Recibió los Santos Sacramentos e hizo la Protestación de Nuestra Santa Fé, y testamentó ante Jose de Oyega, Notario, y por él se mandó enterrar en la Iglesia del Señor Santiago, y nombró por sus albaceas a Pedro Visier y a Ramon de la Cruz, sus compañeros, bajo de cuya disposición falleció, fecha ut supra. Don Miguel Vazquez Forero.

Fue un entierro serio donde los haya, con amigos del oficio y muchos jóvenes, entre ellos los de apellido materno Caro, ya crecidos veinteañeros mitad franceses mitad españoles, muchachos rubios de tez pálida y ojos claros que aunque hablaban un puro andaluz ceceante soportaban cierta, en ocasiones, descarada discriminación racial. En el Carnerillo se reunieron, presentándose los que no se conocían, mirándose llorosos y compungidos y estrechándose las manos con afecto sincero.

El testamento a que hace referencia el vicario en la partida de defunción de Bernardo Marana es un controvertido documento que ha llegado a nosotros en su integridad, en un excelente estado de conservación; helo aquí:

Pedro Visier, Antonio de la Cruz, Bernardo Marana, Ramon de la Cruz, Juan de la Cruz, Beltrán Fernando, de nación franceses y residentes en ésta, con casas y Compañía de Calderería, estando sanos y con salud, bajo la Fé de la Iglesia Católica, mediante ser nuestro ejercicio el andar de unos pueblos a otros y que en los caminos suceden muchas fatalidades, convenimos en darnos unos a otros poder para, si alguno fallece, los que sobrevivan puedan otorgar su testamento; asimismo convenimos en que el que fallezca de nosotros sea sepultado en la villa donde fallezca; idem que los sobrevivientes puedan declarar su parte en la Compañía; de esta forma nos nombramos albaceas unos de otros y convenimos en que los supervivientes se repartan los bienes del fallecido. Por cuanto las Leyes de nuestro Reino no precisan que los hijos sean herederos forzosos de sus padres, y nosotros somos unos casados, otros solteros y otros viudos, para cuando fallezca uno y no podamos saber sus herederos, nombramos únicos y universales herederos aquéllos que lo sean de nosotros, cuya declaración han de ejecutar por el que muera los que sobrevivan. 11, noviembre, 1746. Fimaron los que supieron: Pedro Visier, Bernardo Marana. Notario, Jose de Oyega.

Tras su detenido análisis, y sobre todo, el meticuloso de la temblorosa firma de Bernardo, se revelan con meridiana claridad algunas conclusiones: primera de ellas, que su hermano Cristobal, con mayor o menor aquiescencia de testigos, notario y compañeros, tuvo que haber suplantado su personalidad jurídica, porque hay testimonios fehacientes de que se encontraba trabajando en la calderería; ¿porqué no aparece en el documento, siendo parte del grupo?; segunda conclusión: que fué la enfermedad de Bernardo la que originó la elaboración del documento, puesto que está dado en una fecha, noviembre de 1746, en la que se encontraba dicho enfermo en un estadio insuperable de su dolencia; ¿no es extraño que precisamente entonces, y no antes, decidieran suscribir las cláusulas?
Tampoco es de extrañar que se engrasase al notario con unos reales para hacer que su pluma no encontrara resistencias importantes en su recorrido por la superficie del folio. A tal notario lo recordaremos porque fue quien enarboló los dos pistolones en la puerta del Convento cuando se pretendía prender a fray Sebastian de Castro por el conflicto de la ermita de Guía.

El origen de toda esta trama testamentaria, según la totalidad de los indicios a nuestro alcance, hay que buscarlo en la Auvernia, en las relaciones familiares de los Marana, en oscuros e interesados manejos de parientes egoístas. O bien que —podría ser— el fallecido tuviese más dinero del que aparentaba, y se lanzaron todos como aves de presa sobre sus ahorros, hipótesis plausible por cuanto los pobres, con familia o no, acababan o en el Hospital de la Caridad de Sevilla, como vimos nosotros y vieron el mariscal Soult y sus adláteres, o en el lazareto de la ventosa Algeciras, establecimiento de patios desolados que era la lanzadera de las incurables almas hacia los infinitos espacios siderales. Es en cualquier caso y como mínimo algo extraño que a Bernardo, siendo insolvente como aparentaba ser, se le instalase con tantos mimos y cuidados en Castilleja de la Cuesta.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

"lanzaderas de almas incurables hacia los espacios siderales ".
jajajaj.
lo he vuelto a ver.
Qué bueno es esto.
De verdad.
Besos insomnes.

Antonio dijo...

"Construído de tablas", existió en Algeciras desde 1744.
Eran varios, en el siglo XVIII, los establecimientos marítimos de esta clase, en Mallorca, en Barcelona, en la ciudad de Cádiz... para controlar a los buques que llegaban con enfermos; luego admitirían a toda clase de desahuciados sin recursos, y el algecireño era famoso en toda Andalucía.
Un cronista los define como "campamento de cabañas".

La primera ciudad romana levantada en España fue Itálica (Santiponce), fundada por un general en el año 206 antes de nuestra Era, ciudad que en realidad era un lazareto para albergar soldados convalecientes.

Debían ser sitios muy poco recomendables...
¿Te imaginas Itálica llena de inválidos en los porches de sus villas, con los muñones al sol?
No es broma, Reyes: algo así debía ser aquello.

Un abrazo, hasta luego.

Kim Pérez dijo...

Muy interesante unir en un mismo texto transcripciones y datos históricos y la imaginación que despiertan.

No acabo de encontrar por qué encarcelaron a los hermanos Caros.

Teniendo en cuenta el posible carácter converso de los Caros de Andalucía, que estoy investigando, y la aparición en el texto de nombres como De la Cruz y Marana, no me extrañaría que fuese un medio criptojudío con sus correspondientes enlaces endogámicos.

Me puede encontrar, Antonio, en transiya arroba yahoo.es

Un saludo de

Kim Pérez

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...