La enfermedad contraída por su hermano en tierras americanas obligaba al beneficiado de Santiago a viajar continuamente a Sevilla, a la mansión de la calle de Las Armas donde languidecía el enfermo, postrado en un butacón junto al ventanal desde el que divisaba, entreteniendo las horas muertas, el gentío que entrando y saliendo por la puerta de Goles llenaba continuamente la estrecha calle de bullicio y animación. Don Rodrigo iba a acompañarlo, dejando al franciscano de la Calle Real de sustituto en sus tareas pastorales; su hermano se mostraba día a día más impedido, más torpe y anquilosado. La reciente muerte de Isabel lo había sumido, por añadidura, en una pertinaz depresión de la que no tenía voluntad para escapar. Cuando decidió redactar sus disposiciones últimas no podía ni enarbolar la pluma, y hubo de ser su suegro el mercader quien lo hiciera por él, aunque todavía conservaba la suficiente lucidez como para acordarse de eventos pasados, de personas y de lugares donde tenía sus recibos de gastos y apuntes de deudas.
A continuación transcribimos las partes del extenso testamento de Pedro de Cieza de León que más atañen a esta historia de Castilleja (por causas desconocidas se añadió el tercer apellido en su firma durante la etapa indiana, aunque en documentos de embarque anteriores aparecía también como Pedro de León).
"[...] Primeramente mando mi anima a dios que la crio y la rredimio por su preçiosa sangre y mi cuerpo a la tierra donde fue formado y mando que sy de mi acaeçiere finamiento de esta enfermedad en que estoy que mi cuerpo sea enterrado en la yglesia de san viçente desta çibdad de sevilla1 en la sepoltura donde mi muger fue enterrada y mando que las osequias y ponpa funeral y entierro y todo lo demas que se obiese de hazer a los ofiçios de cuerpo presente sean segun y como y de la manera que a mis albaçeas pareçiere asy en el dezir de las misas como en lo demas.
[...] Yten mando por el anima de mi muger que se digan çinquenta misas rrezadas y por el anima de mi madre veynte misas2 y por el anima de una beata hermana de mi madre3 diez misas y por otra hermana mia que es difunta4 diez misas y por una yndia llamada ana5 ocho misas todas en donde mis albaçeas ordenaren. (Continúa en el siguiente capítulo).
1.- Así fue: pudo cumplirse su última voluntad, y está enterrado en dicha iglesia.
2.- De esta forma sabemos que su madre ya había fallecido por esta fecha, siendo esta noticia en el testamento el único testimonio de se posee sobre su muerte.
3.- Tampoco es mucho lo que se conoce de esta tía carnal, sino que debió ser muy devota para ganarse el adjetivo de "beata", que en aquel tiempo estaba exento de la carga peyorativa que tiene en la actualidad.
4.- No consta en ninguna investigación, ni de historiadores llerenenses ni foráneos, el nombre o fecha de nacimiento de esta misteriosa hermana, que debió morir muy joven.
5.- La india Ana, situada en el mismo item que las mujeres más importantes en la vida del testador —esposa, madre, hermana— tuvo que ser su concubina en América, para lo cual la obligaron a bautizarse. Presumiblemente sería una relación anterior a su compromiso de casamiento por poderes con Isabel Lopez. Estos concubinatos forzados fueron muy comunes y admitidos entre los militares españoles.
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