viernes, 14 de noviembre de 2008

(Testamento) Epílogo 3

Mientras hay vida hay esperanza, sentencia el dicho. Y así ha sido y será en todo tiempo. Nada más hueco y desprovisto de sentido que el concepto de conciencia de la muerte, que en todo caso tiene que ser de la muerte ajena, porque de la propia, la más importante por cierto, nadie sabe nada. Y aún en el caso de la del prójimo, tampoco se puede poner la mano en el fuego por su realidad. Piénsese en la fuerza y presencia de las corrientes animistas y de comunicación con los difuntos que han formado parte de todas las culturas, y añádasele la aseveración cristiana —y la de la mayoría, si no todas, de las demás religiones— de la resurrección de la carne, para deducir con toda certeza que no hay nada menos cierto para el hombre que el fin irremediable de la vida.
Por eso Pedro Lopez de Pineda dictó su testamento a instancias de su propio miedo. Miedo —según lo acabado de exponer— al aquí y ahora, o mejor dicho, al ahí y mañana. Miedo, porque no conseguía separarse del mundo terrenal, que parecía exigirle e imponerle con sus artificiosidades y convencionalismos un reparto de bienes equitativo y justo con todos sus hijos, como si siempre por toda la eternidad el premio o el castigo fuera a depender de la rígida normativa de los tribunales terrenos, ya fueran estos populares, ya eclesiásticos o ya seglares. Dios, el más allá, el paraíso, eran elucubraciones que se desvanecían ante el dolor, la sed, la soledad de su lecho de enfermo, sensaciones que indefectiblemente le remitían a la vida y a la materia, a la norma social, a la opresión política. Temía más las opiniones de sus vecinos los cofradieros que la voz divina, que tronando hipotéticamente desde unas alturas excesivas desbordaba sobre las limitaciones de su cerebro humano.

Y ahora la vida y la materia juzgaban su última voluntad:

SELLO QVARTO, VEINTE MARAVEDIS, AÑO DE MIL SETECIENTOS Y QVARENTA.
Por las preguntas siguientes, se examinen los testigos que fueron presentados por parte de Bartolome Lopez de Pineda, vezino de esta Villa, en los autos que se siguen por Francisco Rodriguez su cuñado, como marido y conjunta persona de Juana Maior su hermana, y por Simon Lopez, marido y conjunta persona de Maria Josepha, todos herederos de Pedro Lopez de Pineda, Padre y Abuelo, sobre la partizión de los bienes que quedaron por su fin y muerte.
Primeramente, sean preguntados por el conosimiento de las partes y noticias de dicho pleito; Digan: 
Si saben que desde el año de setecientos y treinta y quatro hasta que falleció Pedro Lopez su padre, le alimentó dándole de almorzar, comer y senar en las mismas casas de el dicho Bartolome Lopez, y que en las ocasiones que estubo enfermo el dicho su padre le embiaron dicho alimento, y que fue a costa de el caudal de el dicho Bartolome Lopez, y que a lo menos que se le puede regular cada día por dichas tres comidas es a dos reales de vellón, y que asimismo le asistía con otras cosas; sábenlo por averlo visto ser y pasar así ser cierto, sin cosa en contrario; digan:
Si saben que las viñas de dicho Pedro Lopez su Padre se deszeparon a un tiempo de quatro años con poca diferiensia, y que en los dos años que sacó el fruto aparte el dicho Bartolome Lopez, que sería quatro o cinco cargas de uba cada uno, entregara el vendedor a dicho su Padre el dinero, y que daban tan poco fruto porque no se cavaban muchos años acía y eran viejas; sábelo por averlo visto ser y pasar así ser cierto, sin cosa en contrario; digan:
Si saben que el dicho Pedro Lopez su Padre no le dio dote alguno de omenaje de casa, ni cobre ni ropa, ni lo nesesitaba por averle dejado Xristóval Martín Toro todo lo que tenía y averlo criado y alimentado desde chiquito, y ahorrado dicho costo a el referido su Padre, sabénlo por averlo visto ser y pasar así sin cosa alguna en contrario; Digan:
Si saben que la yegua que vendió de orden de su Padre en veinte y dos pesos, con poca diferiensia, a Andres de Roxas, resivió dinero el dicho Pedro Lopez su padre por mano de Joseph Beltran, y que el dinero de el Potro que vendió de orden de dicho su Padre a Juan Delgado, Panadero1, lo resivió el dicho su Padre, parte en dinero y parte en Pan, de mano de dicho Juan Delgado, que fue en tiempo que vivían dicho su Padre con su yerno Francisco Rodriguez; sábenlo por averlo visto ser y pasar así, sin cosa en contrario; Digan:
Si saben que el dicho Bartolome Lopez de Pineda a vivido siempre las Casas en que vive en una parte de ellas, y que la otra parte la a tenido juntamente y tiene ocupada Francisco Rodriguez de Cabrera su cuñado; sábenlo por averlo visto ser y pasar así, y ser cierto sin cosa en contrario. Digan:
Si saben que a el tiempo que emansipó el dicho Pedro Lopez de Pineda a el referido Bartolome Lopez su hijo, aunque le señaló caudal nunca le entregó cosa alguna, y que dicha emansipasión fue sólo por libertarle de quentas y avérselo también pedido así dicho su tío por tenerlo en sus casas, por averlo criado, y que no saliese de sus casas; sábenlo por averlo visto ser y pasar así, sin cosa alguna en contrario; Digan:
Y lo demás que supieren y de su razón declaren. Don Joseph Arias de Reyna.

1.-  De nuevo aparece el panadero de San Bernardo. No es necesario apuntar que su testimonio carecía de toda fiabilidad. 

No hay comentarios:

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...