[...] Yten mando y quiero que por quanto yo escreuí un libro digo tres libros de las guerras çiviles del peru todo escrito de mano guarneçidos en pergamino los quales sy de presente se ymprimieran podrian causar algunos escandalos y algunas personas se sintirían dello de lo que en ellos se contiene de los casos que en las dichas guerras pasaron por ser de poco tiempo pasado1 por tanto mando que mis albaçeas2 tomen los dichos tres libros y rrelaçiones que todo esta en un escritorio mio y sacadas las dichas cartas y otras escrituras que estuvieren en el dicho escritorio dexen en el solos los dichos tres libros y rrelaçiones que mas oviere de ello y lo cierren y sellen y pongan en el dicho escritorio otros dos candados pequeños y por acto ante escrivano publico se ponga el dicho escritorio çerrado en el monesterio de las cuevas o en otro monesterio qual a mis albaçeas les pareçiere el qual este deposytado y las llaves esten en poder de mis albaçeas en cada uno la suya hasta quinze años despues de mi falleçimiento en el qual tiempo ninguna persona lo vea3 los quales pasados por manos de mis albaçeas o de qualquiera dellos que fuere vivo o sy no fuera vivo al dicho tiempo por mano del perlado del monesterio donde estuviere se de a alguna persona dota esperta para que lo vea y corrija y de lo que le paresçiere que se deve quitar de lo que fuese superfluo en la dicha obra syn añadir nada en lo questa escrito y en lo que queda por escrevir conforme a las rrelaçiones questan en el dicho escritorio pueda proseguir por la orden que le pareçiere dando rrazon hasta donde hallo escrito y donde començo el a escrevir y de esta manera lo pueda ymprimir guardando la honra y fama de todos de manera que a ninguno venga daño ni disfame y goçe del prouecho de la ymprenta y si alguno de mis albaçeas lo quisiere dar de su mano a persona tal lo puede hacer mando que sobre lo atras dicho el monesterio a parte donde se pusiere el dicho escritorio y libros haga el reaudo y escritura que a mis albaçeas les parezca que conviene.
1.- Esta circunstancia proporcionó un gran poder al poseedor del original, o sea, al beneficiado don Rodrigo de Cieza. Eran años de "ajustes de cuentas", de "caza de brujas", de revisionismo e intrigas, de odios y envidias desatadas; las tajantes diferencias que habían llevado a los primeros conquistadores incluso hasta a asesinarse entre ellos como si de una manada de lobos se tratase levantaban, de regreso a la península, una polvareda de acusaciones, pleitos, y venganzas en las que el que más pruebas aportase resultaba vencedor sobre su rival. Un ejemplo paradigmático de todo ello es Hernán Cortés, quien había muerto 10 años antes de los hechos que narramos, en 1547, sumido en absoluta pobreza a causa de las maniobras de sus enemigos. Los manuscritos del hermano del cura de Santiago, por la objetividad con la que habían sido elaborados, estaban repletos de estas pruebas comprometedoras en grado sumo para muchos españoles, y se convirtieron en una presa codiciada, sobre todo, de las altas instancias de la Corte.
2.- Albaceas que —adelantamos— fueron don Rodrigo de Cieza, el bachiller clérigo Rodrigo de Rivera, y el suegro Juan de Llerena.
3.- En manera alguna se cumplió este deseo del enfermo, que parecía querer asegurarse con tantas precauciones de que nadie se diera por ofendido en su fidedigna narración de la aventura ultramarina, y de que por ello se le originasen acciones criminales en su contra. Era, sin lugar a dudas, demasiado apetitoso el tesoro en forma de folios como para esperar a sacarle rendimientos quince largos años. Durante los últimos días de la enfermedad y cuando murió el testador se originó, como es habitual en estos casos, mucho revuelo y confusión en su casa; don Rodrigo desplegó todas sus artimañas para hacerse con los manuscritos, entre las cuales estuvo la de amenazar a la esclava Beatriz con denunciarla a la Inquisición y con eternos sufrimientos entre las llamas del infierno si no colaboraba en la recuperación de los escritos antes de que los otros albaceas, el clérigo y el suegro, tras la muerte de Pedro, dispusieran de ellos.
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